Arzobispo
Braulio Rodríguez Plaza

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Carta semanal

Día del Papa

4 de julio de 2004


Publicado: BOA 2004, 339.


El 29 de junio, solemnidad de san Pedro y san Pablo, se hacían tradicionalmente preces especiales para el Papa y tenía lugar la colecta del llamado “Óbolo de san Pedro”. El óbolo (=pequeña cantidad con que se contribuye para un fin determinado) de san Pedro sigue haciéndose como colecta anual para “la caridad del Papa”, ese servicio impagable que lleva a cabo el Sucesor de Pedro a favor de todas las Iglesias y aún de los más pobres de este mundo. La colecta se recoge entre los católicos de todo el mundo.

Como el 29 de junio en España ha dejado de ser laborablemente festivo, el Día del Papa en muchas diócesis se ha trasladado oportunamente al domingo siguiente (este año el 4 de julio) para que los fieles no olviden esta importante conmemoración. La celebración del Día de Papa, con todo, no lleva consigo el traslado a este domingo de la celebración litúrgica de san Pedro y san Pablo. Ésta ha de conservarse en su día. El 4 de julio, por tanto, ha de celebrarse la Misa del domingo XIV del tiempo ordinario; pero en ese día debe hacerse la colecta del Óbolo de san Pedro, y la Oración de los fieles conviene tenga presente de modo especial al Santo Padre.

Independientemente del origen de esta colecta (parece que se originó en el siglo VIII o IX en Inglaterra), es importante mantenerla y resaltar en la celebración la oración por el Papa y agradecer a Dios su ejemplo. Juan Pablo II sigue siendo un regalo de Dios, una vida entregada a la Iglesia y a la causa de los hombres y mujeres de este mundo, sobre todo de aquellos que no tienen voz; él hace esta defensa ante todo y ante todos, como se ha mostrado en actuaciones muy recientes ante jefes de Estado y de gobiernos. “La caridad del Papa” nace, así, del corazón de Cristo, que, atento a todos, su vida dio por todos.

Hoy, sin esta caridad del Papa, la Santa Sede no puede ayudar, por ejemplo, a tantas Iglesia en África, América, Asia y Oceanía, que necesitan ser ayudadas y que se resisten a que no se les tenga en cuenta en el concierto mundial, porque nada representan para los poderes de este mundo globalizado. Participar en este óbolo a la caridad del Papa es parte de ese deber de todo católico, según sus posibilidades, al mantenimiento de la Iglesia.

Ya conozco los tópicos que se vierten sobre la Iglesia, en general, y sobre la Santa Sede en particular, acerca de sus inmensas riquezas. ¿También creen ustedes en esos cuentos y cifras redimensionados sobre las riquezas del Vaticano y de cómo desaparecería el hambre en el mundo si se vendieran tantas obras de arte e iglesias? ¿Producen dinero esos maravillosos templos, patrimonio de la humanidad? Más bien cuestan dinero, como sucede con tantos templos de nuestra Iglesia de Valladolid. Los fondos que se recogen con la colecta del Óbolo de san Pedro hacen posibles muchas cosas que el Papa y la Santa Sede realizan. Vivid con este espíritu este domingo y recordad a aquél en quien hoy vive Pedro, el papa Juan Pablo II, el que recibe de Cristo la misión de fortalecer a sus hermanos.

† Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Valladolid