Arzobispo
Ricardo Blázquez Pérez
Alocución
Beatificación del P. Bernardo Francisco de Hoyos, S. J.
18 de abril de 2010
En nombre de la Diócesis de Valladolid, haciéndome eco de las Diócesis de España y de la Compañía de Jesús en particular, agradezco, a través de Ud., Sr. Legado pontificio, a Su Santidad Benedicto XVI la beatificación del P. Bernardo de Hoyos, llamado el apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España.
Esta beatificación, celebrada en una situación sociocultural en que muchas veces se desatiende a Dios, es marginado e incluso se le declara indiferente a la vida y al sufrimiento de los hombres, nos recuerda que el verdadero Dios es Amor. El Corazón de Jesús es el símbolo elocuente del amor, que tiene en Dios Padre su fuente, su medida en Jesús entregado a la muerte en la Cruz y presente en la Eucaristía, y sus destinatarios somos todos los hombres pecadores, fatigados con el peso de la vida y necesitados de confianza en medio de las incertidumbres. Jesús con su corazón desbordante se muestra como fuente de amor a la humanidad y nos dice que no estamos dejados de la mano de Dios, que nos ofrece insistentemente su misericordia y que nos quiere como a hijos e hijas. Dios tiene corazón.
La Encíclica Deus Caritas est, en la que el Papa expresó una orientación que se muestra como constante de su pontificado, nos exhorta a dejarnos introducir en una corriente interior que circula entre el Corazón de Jesús, el corazón de cada cristiano y el corazón de la Iglesia. En la medida en que recibamos el amor de Dios viviremos en el amor y actuaremos con amor. Dentro de este dinamismo hemos recibido dos encargos: el anuncio del Evangelio como llamada a la esperanza en la vida eterna, y el servicio a los necesitados como signo del amor de Dios. La presente beatificación nos urge a acercarnos compasivamente a las personas aquejadas de las diversas formas de pobreza: pobres por la salud precaria, pobres por la escasez e inseguridad del pan de cada día, pobres en amistad y compañía, pobres en gozo y esperanza, sin olvidar que el pecado es la indigencia mayor (cf. Lc 11,13). Todos podemos confiadamente acercarnos a Jesús, que es manso y humilde de corazón (cf. Mt 11,29).
En la escuela del Evangelio, que tiene como lección sublime el Corazón traspasado de Jesús, aprendemos que el corazón como centro de la personalidad del hombre cambia más radicalmente por el amor que por las amenazas, por la proximidad cordial que por las denuncias condenatorias; además, tratar a las personas con amor respetuoso es más acorde con su dignidad. Acogemos con docilidad estas orientaciones básicas para la vida y misión de la Iglesia.
La vida corta e intensa del P. Bernardo de Hoyos fue una vibrante invitación a que levantemos la mirada a Jesús exaltado en la cruz y con el Corazón abierto, que manifiesta hasta dónde Dios nos ha amado y cuál es la puerta de la vida eterna (cf. Jn 3,14-16). Señor representante del Papa, la beatificación del P. Hoyos, que nació, vivió y murió en la Diócesis de Valladolid, marca un hito inolvidable en nuestra historia. ¡Muchas gracias!
† Ricardo Blázquez Pérez, arzobispo de Valladolid