Biografía

San José Fernández de Ventosa, O. P.


José Fernández nació en Ventosa de la Cuesta (Valladolid) el 26-11-1775. Era el séptimo hijo de una familia de labradores formada por Antonio Bartolomé Fernández de Buenaposada y Manuela de Ventosa Vázquez. En el hogar nunca se juntaron los siete hijos, pues la mayor, Hermenegilda, había fallecido antes de que naciera José. Fue bautizado al séptimo día de su nacimiento, el 3-12-1775, y recibió el sacramento de la confirmación el 25-1-1788, en la villa de Matapozuelos, de manos del obispo de Valladolid, don Manuel Joaquín Morón.

En 1794 pidió el ingreso en el convento dominico de San Pablo de Valladolid. Se adaptó felizmente al nuevo ambiente y se sometió con gusto al ciclo preparatorio del sacerdocio y apostolado dominicanos: noviciado, artes y teología. El 17-12-1794 recibía las órdenes menores clericales; en 1798, el subdiaconado; y el 21-12-1799, la ordenación sacerdotal en la iglesia de San Esteban de Valladolid, actual Basílica Santuario Nacional de la Gran Promesa. Con motivo de la ordenación sacerdotal efectuó un breve viaje a su hogar en Ventosa de la Cuesta, donde le esperaban sus padres, que ya tenían noticia de su espíritu misionero.

Tras la muerte de su padre, el 26-7-1804, se ofrece para ir a Oriente, adonde es enviado en 1805. Su destino definitivo es el norte de Vietnam, adonde llega después de realizar una penosísima travesía, que quebrantó su salud para siempre. Pero sobreponiéndose en lo humanamente posible a la disentería, que le puso al borde de la muerte, trabajó de modo infatigable durante 30 años, gastados al servicio de los vietnamitas. Según testimonio de testigos y biógrafos, su mansedumbre y humildad ganaron la simpatía y benevolencia de muchos, y los atrajo a la Iglesia de Cristo. Pero otros se sintieron ofendidos por su defensa de la fe en Cristo.

En 1838, la persecución de Minh-Manh le alcanzó de lleno y fue hecho prisionero. Su caridad no fue motivo de amor y perdón. Encerrado en una estrecha jaula, fue llevado al tribunal, siendo objeto de mofa por parte de los soldados y de la chusma. Él, abandonado a sus débiles fuerzas, se mantuvo firme en su fidelidad a Cristo. Esa actitud de formeza psicológica y de fe contrastaba con su debilidad física a causa de una parálisis que le afectaba a ambas manos y a la mitad de su cuerpo. Le hicieron tentadoras ofertas si apostataba de su religión, pero su espíritu triunfó sobre todas ellas. Al final, su prolongada pasión terminó cuando fue decapitado brutalmente, el 24-7-1838. Un sacerdote vietnamita, que murió mártir con él, fue la mano amiga en su dolor y en su triunfo. Fue beatificado por León XIII el 27-5-1900, y canonizado por Juan Pablo II el 19-6-1988. Su fiesta se celebra el 12 de julio.