SAN PEDRO REGALADO
NOBLE
CUNA
Castilla está hecha de nombres, fechas y
caminos que, muchas veces, guardan el recuerdo de la más alta nobleza que es la
santidad. Valladolid ostenta, y sólo de la Orden Franciscana, cuatro nombres de
otros tantos hijos suyos, glorificados por la Iglesia con la corona de los
santos.
SAN PEDRO
REGALADO
y DE LA COSTANILLA vio la luz primera el año 1390; en pleno corazón de
Valladolid. La casa número 1 de la Plaza del Ochavo, en su fachada a calle
Platerías, lleva una placa que señala el lugar ocupado por la casa natal del
Regalado. Sus padres fueron el hidalgo Pedro Regalado y su esposa doña María
de la Costanilla, quienes, sin tardanza, hicieron acristianar a su hijo en Santa
Elena, iglesita que el primer conde de Gondomar, don Diego Sarmiento de Acuña,
transformaría en la hoy parroquia del Salvador, donde se venera la pila
bautismal de nuestro Santo.
Su
padre moriría, siendo Pedro aún muy niño. Por aquellos años, pocas estampas
más familiares para los vecinos de las calles Lonja. Lencería, Especería,
Plaza del Ochavo y del Corrillo, que la de Pedrito y su señora madre cruzando
el barrio, cada mañana, en dirección al convento de San Francisco, hoy
desaparecido, y que se hallaba en la Plaza Mayor, frente por frente del actual
Ayuntamiento. Cuantas personas, cada mañana, veían ayudar a misa, en dicho
templo, al pequeño Regalado, sentían verdadera devoción, aunque sin sospechar
que el piadoso monaguillo de San Francisco llegaría a ser el Santo Patrono de
Vallado1id.
SANTA
VIDA
El trato habitual del pequeño Pedro con algunos
religiosos del convento a quienes ayuda y el servicio diario en el altar van
madurando su inclinación por la vida religiosa; terminando por pedir el ingreso
en la Orden de San Francisco. Casi niño recibe el hábito en el mismo convento
de Valladolid. Año 1404. Procedente de las cuevas de Arlanza y del eremitorio
de La Salceda., llega a Valladolid el franciscano vallisoletano Fr. Pedro
Villacreces. Es Maestro en Teología
por París, Tolosa y Salamanca. Va a emprender la reforma de la Orden en
Castilla, y busca quienes le sigan a la Porciúncula de España que va a
ser, desde ahora, el eremitorio de la Aguilera, junto a Aranda de Duero.
Del
convento de Valladolid sólo le sigue el Regalado, a la sazón un muchacho de 14
años, que abandona su ciudad y se despide de su adorada madre.
Doce
celdas, hechas de ramas y barro, en torno
a una antigua ermita que el Arzobispo de Burgos cede a su hermano el Padre
Villacreces, forman el eremitorio de La Aguilera. Diez horas diarias dedican los
religiosos a la oración litúrgica
y personal; trabajan para sustentarse
y, si lo necesitan, acuden a la limosna. Pedro además estudia dirigido por
el Venerable Villacreces de cara a ser ordenado sacerdote. El año 1412
celebra, el Santo Regalado, su Primera Misa en la ermita de La Aguilera (hoy
"Capilla de la Gloria". Desde ahora recorrerá como apóstol la cuenca
media del Duero, dejando en sus villas y pueblos el beneficio de su bondad y su
palabra, sus favores y prodigios. Aranda, Fuentecén, Hontangas, las
Quintanillas, Tudela, Portillo, Matapozuelo, Laguna, El Abrojo y muchos más,
recuerdan
hechos prodigiosos que acreditan al Regalado como el taumaturgo y "el Santo
del Duero".
Fray
Pedro
Regalado,
"Informador" de novicios desde muy joven, hubo de asumir también el
cargo de Vicario de La Aguilera y El Abrojo; primero por la ausencia del Padre
Vi11acreces que acude, como Teólogo, el año 1416 al Concilio de Constanza y,
después, por la muerte de éste, ocurrida en Peñafiel, el 11 de octubre de
1422. Por esta razón alternó nuestro Santo su estancia, permaneciendo unas
veces en "Domus Dei" de La Aguilera y otras, en "Scala Coeli"
de El Abrojo. Es de notar su viaje, en enero de 1456, a San Antonio de Fresneda,
no lejos de Belorado, donde se ve con el Vble. Fray Lope de Salinas, su antiguo
compañero, enfermo a la sazón. El mismo regresará a El Abrojo también muy
quebrantado. Conocedor, el Regalado, de la cercanía de su muerte, se traslada
definitivamente de El Abrojo a La Aguilera. El día 30 de marzo de 1456, miércoles
de Pascua de Resurrección, administrado por su amigo, D. Pedro de Castilla,
Obispo de Palencia, muere santamente el Regalado, "Flor de la Reforma
franciscana". El Prelado entona el Te Deum, no el responso, mientras
voltean las campanas a gloria.