Educación Cristiana
Con frecuencia oigo o leo o veo que los obispos estamos
en "cruzada"; unas veces estamos en cruzada contra la sexualidad (¡), en otras ocasiones promovemos
una cruzada para lograr que miles y miles de jóvenes se encuentren en Madrid con el Papa; ahora nos toca estar
en cruzada por la clase de Religión, para que los privilegios de los que hemos gozado continúen. ¡Dios mío, cuánta
cruzada! Yo me levanto cada día y no me veo vistiéndome ninguna coraza para luchar contra nadie. ¿No sería posible
alguna vez cierta dosis de racionalidad y no mezclar todo, como exige un elemental sentido del conocimiento humano?
Vayamos a los hechos: a los niveles en que se halla la cultura media del hombre occidental y el ordenamiento
jurídico de los Estados, es posible valorar la religión y su enseñanza desde la objetividad de la historia. No
aceptar esto supone cierta anomalía en la apreciación de los valores y una rigidez en la sociedad que se dice
tolerante. Desde este punto de vista, ¿no es razonable que la materia Sociedad, Cultura y Religión tenga las
mismas condiciones que el resto de las materias? No se puede separar la religión como respuesta a las grandes
interrogantes del hombre y como patrimonio de la cultura en la que estamos inmersos.
"Es inaceptable que la asignatura de Religión tenga la misma consideración que el resto de las
materias", afirma la Plataforma Ciudadana por una Sociedad Laica. ¿Por qué razón? El secretario general del
PSOE indica que su partido podría presentar recurso de inconstitucionalidad contra el reglamento del área de
"Sociedad, Cultura y Religión", porque, en su opinión, se impone la religión para que cuente igual que
las matemáticas o la historia". ¿Demuestra en algún momento que no es igual de importante?
No se evalúa la fe. Sólo faltaba. Lo que se quiere evaluar es la enseñanza de una disciplina concreta que no
es una intrusa dentro del marco escolar, como apuntaba Monseñor Cañizares hace unos días. Se trata de un área de
enseñanza con dos modalidades: una confesional, para aquellos que aprecien y vivan una fe religiosa (católica,
otras confesiones cristianas, judía, musulmana, etc.), y otra no confesional. Ambas modalidades con un contenido
de conocimientos concretos, lógicamente evaluable y que cuenta para el expediente académico, según la Ley de Calidad.
¿Cómo se puede decir que este diseño es inaceptable, anticonstitucional y otros apelativos? No se puede
confundir la aconfesionalidad del Estado y la libertad de elegir una u otra modalidad con un laicismo que parece
que quiere imponerse y que, en el fondo, es otra forma de confesionalidad, la laicista, que es la que considera
que Dios no existe o es una realidad que sólo tiene que ver con la esfera de lo privado.
Y basta ya de sospechas sobre los profesores de religión, a los que se les tacha con alguna frecuencia de
hacer en la escuela catequesis. Como en cualquier otra área de la enseñanza habrá mejores o peores profesores,
pero ejercen su trabajo con preparación y dignidad. Lo que es razonable es garantizar la plena libertad a los
padres para que sus hijos aprendan esta materia, sea en la modalidad confesional o no confesional.
† Braulio Rodríguez Plaza,
Arzobispo de
Valladolid