Seminario Mayor Diocesano.
... El Seminario ... debe ser un ambiente espiritual, un itinerario de
vida, una atmósfera que favorezca y asegure un proceso formativo, de manera que el que ha sido llamado por Dios al sacerdocio
pueda llegar a ser, con el sacramento del Orden, una imagen viva de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia. (PDV 42c)
Vivir en el seminario, escuela del Evangelio, es vivir en el seguimiento de Cristo como los apóstoles; es dejarse
educar por Él para el servicio del Padre y de los hombres, bajo la conducción del Espíritu Santo. Más aún, es dejarse configurar con
Cristo, buen Pastor, para un mejor servicio sacerdotal en la Iglesia y en el mundo. (PDV 42c)
Formarse para el sacerdocio es aprender a dar una respuesta personal a la pregunta fundamental de Cristo: "¿Me amas?"
(Jn 21, 15). Para el futuro sacerdote, la respuesta no puede ser sino el don total de su vida» (PDV 42c)
Lo afirma claramente el decreto conciliar Optatam totius, refiriéndose a los seminarios mayores: «La educación de los
alumnos debe tender a la formación de verdaderos pastores de las almas, a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote
y Pastor. Por consiguiente, deben prepararse para el ministerio de la Palabra: para comprender cada vez mejor la palabra
revelada por Dios, poseerla con la meditación y expresarla con la palabra y la conducta; deben prepararse para el ministerio del
culto y de la santificación, a fin de que, orando y celebrando las sagradas funciones litúrgicas, ejerzan la obra de salvación
por medio del sacrificio eucarístico y los sacramentos; deben prepararse para el ministerio del Pastor: para que sepan
representar delante de los hombres a Cristo, que "no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida para redención del mundo"
(Mc 10, 45; cf. Jn 13, 12-17) (PDV 57a)
«La institución del Seminario mayor, como lugar óptimo de formación, debe ser confirmada como ambiente normal, incluso material,
de una vida comunitaria y jerárquica, es más, como casa propia para la formación de los candidatos al sacerdocio, con
superiores verdaderamente consagrados a esta tarea. Esta institución ha dado muchísimos frutos a través de los siglos y continúa
dándolos en todo el mundo» (PDV 60a)
El seminario ... es sobre todo una comunidad educativa en camino: la comunidad
promovida por el Obispo para ofrecer, a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico, la posibilidad de revivir la
experiencia formativa que el Señor dedicó a los Doce. (PDV 60b)
La identidad profunda del seminario es ser, a su manera, una continuación en la Iglesia de la íntima comunidad apostólica
formada en torno a Jesús, en la escucha de su Palabra, en camino hacia la experiencia de la Pascua, a la espera del don del Espíritu
para la misión. (PDV 60c)
Incluso desde un punto de vista humano, el Seminario mayor debe tratar de ser «una comunidad estructurada por una profunda amistad
y caridad, de modo que pueda ser considerada una verdadera familia que vive en la alegría». (PDV 60e)
El Seminario debe alimentar el sentido de comunión de los candidatos con su Obispo y con su Presbiterio, de modo que
participen en su esperanza y en sus angustias, y sepan extender esta apertura a las necesidades de la Iglesia universal». (PDV 60f)
Es esencial para la formación de los candidatos al sacerdocio y al ministerio pastoral —eclesial por naturaleza— que se viva en
el Seminario no de un modo extrínseco y superficial, como si fuera un simple lugar de habitación y de estudio, sino de un modo
interior y profundo: como una comunidad específicamente eclesial, una comunidad que revive la experiencia del grupo de los Doce
unidos a Jesús (PDV 60g)
... toda la vida del Seminario, en sus más diversas expresiones, está intensamente dedicada a la formación humana, espiritual,
intelectual y pastoral de los futuros presbíteros; (PDV 61b)
Exhortación apostólica de Juan Pablo II: Pastores Dado Vobis.