Acción de Gracias por la beatificación de Tiburcio Arnáiz

Acción de Gracias por la beatificación de Tiburcio Arnáiz

4 Noviembre, 2018

4.noviembre.2018__  La Iglesia del Corazón de Jesús de Valladolid acogió la Eucaristía de acción de gracias, presidida por el cardenal arzobispo de Valladolid D. Ricardo Blázquez, por la memoria y el bien recibido del padre jesuita Tiburcio Arnaiz (1985-1926), vallisoletano de nacimiento y malagueño de adopción. El pasado 20 de octubre se celebró en Málaga su beatificación. Una alegría compartida con cientos de malagueños y con las Misioneras de las Doctrinas Rurales, congregación fundada por él con María Isabel González del Valle. El próximo 4 de noviembre, domingo, la Compañía de Jesús y la Archidiócesis de Valladolid celebrarán la eucaristía de acción de gracias en la ciudad donde se ordenó, en 1890, y desde donde partió para iniciar su labor pastoral. Será a las 13.15h. en la iglesia de los jesuitas, Corazón de Jesús, de Ruiz Hernández. Tiburcio Arnaiz primero fue párroco de Villanueva de Duero y seguidamente en un municipio de Ávila. Pero con 37 años de edad, a raíz de la muerte de su madre, decidió hacerse jesuita. Ingresó en el noviciado de Granada en 1902. Ocupó diversos destinos y ya en Málaga desarrolló su vocación apostólica en zonas rurales de la provincia y en los corralones,. Estos eran casas de vecinos de peculiar estructura, habitadas por gente muy pobre y situadas en los suburbios de la cuidad. Allí establecía una pequeña escuela, conocida como ‘miga’, dirigida por una maestra que enseñaba a leer, a escribir, algunas nociones básicas de matemáticas y el catecismo. Así, fue capaz de establecer un sistema de promoción cultural y de catequesis dirigido a los más vulnerables. También llegó a las aldeas y cortijos rurales. En 1921 conoció a María Isabel González del Valle Sarandeses (1889-1937), decidida a marchar como misionera a alguna región lejana. Arnaiz le propone permanecer en el sur de España, y un año más tarde funda con ella una asociación de seglares consagradas dedicadas a la evangelización de las zonas pobres del campo, la Obra de las Misioneras de las Doctrinas Rurales. Este pequeño grupo de mujeres consagradas sigue siendo hoy un testimonio vivo de aquel legado. Por medio de las llamadas ‘doctrinas’, se hacen presentes en pueblos necesitados, en los que ofrecen formación cultural y conocimiento de la fe cristiana, siempre acompañadas de colaboradores y voluntarios. El Padre General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa, escribía recientemente sobre su figura y su actualidad: “En nuestros días es mucho lo que podemos aprender de lo que él hacía en su tiempo, dando así pleno sentido al quehacer de operario, que tantos jesuitas ostentan con orgullo. En modos adaptados a los contextos actuales, pueden ser puestas en práctica varias de las ricas cualidades del P. Arnaiz: su prontitud para detectar y atender urgencias estructurales, su enérgica determinación para emprender nuevas obras y perseverar en ellas, su hábil capacidad de atraer y juntar a personas de distinto origen social para socorrer a los pobres, su admirable fortaleza a la hora de afrontar las contrariedades, su valiente afán evangelizador incluso en épocas y circunstancias difíciles, su convencida confianza en la providencia, su firme amor personal a Jesucristo, o su amistad, generosidad y afabilidad con toda clase de gente”.