SANTA TERESA DE JESÚS (IV)
Desde Valladolid, los “palomarcicos” de Palencia y Burgos

SANTA TERESA DE JESÚS (IV)
Desde Valladolid, los “palomarcicos” de Palencia y Burgos

28 Junio, 2017
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Bienaventurados – Los santos que moraron en Valladolid. Serie de Artículos de Javier Burrieza

Nació en Ávila el 28 de marzo de 1515 y murió en Alba de Tormes (Salamanca) el 4 de octubre de 1582. Carmelita descalza, impulsora de la reforma de su Orden, fundadora de conventos, visitó en numerosas ocasiones Medina del Campo donde abrió el convento de San José y en la villa de Valladolid, en el convento de la Concepción del Carmen. Fue beatificada en 1614 y canonizada en 1622.

Estaba Teresa de Jesús todavía en Valladolid cuando escribió al arzobispo portugués Teutonio de Braganza, una persona destacada en aquella corona que Felipe II reclamaba para sí. Trataba la monja descalza de intentar conseguir una ausencia de confrontación entre las distintas partes. Don Teutonio podía conseguirlo. La madre Teresa tuvo que resolver otros conflictos pero en su propia familia, cuando tras la muerte de su hermano Lorenzo de Cepeda se había convertido en albacea de sus bienes. Ella se tenía que responsabilizar de sus sobrinos Francisco y Teresica de Ahumada. Como el testamento había aparecido rasgado, para evitar conflictos futuros, acudió a la Chancillería vallisoletana para validarlo. Para entonces ya era una mujer enferma y cansada de sesenta y cinco años, que todavía habría de sufrir mucho por estos asuntos, ajenos a su vocación. Dificultades también las de las monjas de Medina y por allí pasó, en décima ocasión, en los primeros días de agosto de 1580: “en Medina hay muchas melancólicas” le decía a fray Jerónimo Gracián. Ella misma había explicado en su Libro de las Fundaciones en qué consistía la melancolía, con sus correspondientes síntomas de obsesiones y depresiones. Cambiantes también eran los deseos de sus sobrinos. Francisco, al principio, quería ser fraile descalzo pero al final contrajo matrimonio sin informar a su tía. Aquellos meses en Valladolid fueron muy duros para su salud y a punto estuvo de morir del llamado “catarro universal”. Pero todo compensaba ante la gozosa noticia del establecimiento, por parte del Papa, de la separación entre frailes calzados y descalzos, permitiendo que estos últimos constituyesen provincia independiente. Todo ello era de vital importancia, como reconocimiento pontificio a la Reforma que había emprendido.

“Todo compensaba ante la gozosa noticia del establecimiento, por parte del Papa, de la separación entre frailes calzados y descalzos, permitiendo que estos últimos constituyesen provincia independiente”.

        No se atrevía a culminar la fundación proyectada en Palencia. Su sobrina y priora en Valladolid, María Bautista y el jesuita Jerónimo Ripalda —aquel que le había mandado escribir el libro de las “Fundaciones”— la picaban indicando que su cobardía era más propia de la edad que de su carácter. Necesitó, en su intensa vida espiritual, escuchar la confirmación divina y todo estaba decidido. El día de los Inocentes, 28 de diciembre de 1580 —tras la tercera Navidad de su vida en Valladolid— salvó la distancia que existía entre esta villa y Palencia, donde habría de encontrar la gente de “buena masa” que siempre recordó para abrir un nuevo “palomarcico”. Salió, pero no sin antes dejar apalabrada una siguiente pero última fundación, la de Burgos para 1582. Con todo, a Teresa de Jesús le había rondado por la cabeza la que tanto hubiese deseado del convento de Madrid, dependiente aquella Corte de la jurisdicción del arzobispo primado.

        De nuevo, Medina del Campo será la etapa previa a su entrada en Valladolid. En ambas localidades permanecerá la Madre en dos ocasiones en el último año de su vida de 1582. La primera será, para Medina, entre el 4 y el 9 de enero, cuando ya estaba camino de Burgos. Indica Isabel Bautista que llegó “muy fatigada y enferma y con una llaga en la garganta. Comió solamente un poco de carnero guisado con sal y agua que la aderezó esta declarante”. Otros cinco días siguieron en Valladolid. A pesar de estar tan indispuesta, escuchó los deseos de un rico mercader que deseaba fundar un colegio de doncellas, para “criarlas en virtud mientras elegían estado de matrimonio o religión”. Podrían ser gobernadas por monjas carmelitas. Lo que menos le gustó a la Santa es que el establecimiento estuviese sujeto al abad de Valladolid —todavía no había obispo—: “puso silencio y continuó viaje”.

        Escasos de ornamentos se hallaban para la casa de Burgos. El grupo fundador tuvo que partir de Valladolid cogiendo algunos de la sacristía, sin dar cuenta de ello a la priora que no se lo iba a entregar, ni a Teresa de Jesús. Lo narra el padre Gracián, impulsor de la nueva fundación: “y cuando en Palencia lo descubrimos a la Santa Madre, fue tanta la risa y la gracia con que hacía contar a las monjas los sobresaltos que habían pasado, que era harta recreación”. En la última visita de la madre Teresa a Valladolid, en el verano de 1582 y tras haber fundado en Burgos, le esperaba Beatriz de Mendoza, la suegra de su sobrino Francisco. Ésta la amenazaba a la monja descalza con ponerla pleito ante la Chancillería tras no conseguir manejar la herencia que su consuegro Lorenzo de Cepeda había destinado al convento de San José de Ávila.