Arzobispo  -  Carta pastoral
Feliz 2026, Año Jubilar de la Santidad
1 de enero de 2026


Peregrinos de esperanza hemos iniciado el año litúrgico. El Adviento nos recuerda no sólo cuál es nuestra meta, sino que también quien es nuestra meta peregrina hacia nosotros. Así, en Navidad el peregrino hacia nosotros es Emmanuel, Dios con nosotros, que nos acompaña en la peregrinación. A lo largo del año litúrgico viviremos también el tiempo de Pascua, en el que el peregrino, el Dios con nosotros, es también Dios por nosotros, quien da la vida entregando su cuerpo y derramando su sangre para nuestro bien. Pero, más aún, el costado abierto de Cristo derrama de manera permanente sobre nosotros la gracia de los Sacramentos, el aliento del Espíritu Santo; así, este Dios peregrino es un Dios en nosotros que, viviendo desde dentro de nosotros, quiere santificarnos, quiere que compartamos plenamente su vida.

Por eso, en nuestra Diócesis, culminado el Año Jubilar de la Esperanza, iniciamos un Jubileo de la Santidad y lo hacemos mirando a Santo Toribio de Mogrovejo. La vida de este santo mayorgano se caracteriza, también, por ser una gran peregrinación desde su casa natal, por diversos lugares de España, para realizar estudios que fueron modelando su mente y su corazón; en Salamanca acoge los ecos de la Escuela de Salamanca que, a mediados del siglo XVI, sienta las bases del derecho de gentes y es, antes de que así se formule, una expresión de Doctrina Social de la Iglesia. También se mueve por las Españas de aquel tiempo, realizando tareas en las altas magistraturas de la naciente monarquía hispánica, y experimenta la llamada del Señor, a través de las mediaciones humanas, para participar en esa gran aventura que es el descubrimiento de América, la evangelización que se realiza con trazas también de colonización. Allí, en América, en el actual Perú, incluso más allá de sus fronteras, también es un increíble peregrino. Dicen las crónicas que hizo 40.000 kilómetros andando, anunciando el Evangelio, visitando a las nacientes comunidades cristianas y organizando la vida de aquella diócesis hermana. Su peregrinación concluye en el tiempo histórico en Saña, en la actual Diócesis de Chiclayo, de la que fue obispo nuestro pontífice, León XIV.

Esta Diócesis promueve la beatificación, la canonización de Toribio de Mogrovejo y hace 300 años fue canonizado. Por eso, mirándole a él, su celo apostólico, su espíritu de peregrino y su capacidad de organizar una iglesia naciente, queremos experimentar la llamada a la santidad. Nos vamos santificando mientras peregrinamos y queremos peregrinar juntos, en Iglesia, en comunión.

Por eso, también durante este año jubilar, viviremos la Asamblea Eclesial de la Iglesia en Castilla y comenzaremos una Asamblea diocesana para impulsar la evangelización en este momento de nuestra historia y también para reorganizar nuestra presencia en este territorio vallisoletano.

Queremos que todo esto nos ayude a todos y a cada uno de nosotros a desarrollar nuestra común vocación a la santidad. Sabemos bien —así nos lo dice la Escritura— que a los que aman a Dios, a los que se sienten amados de Dios todo les sirve para el bien. Esta es la clave de la santidad. Que en las alegrías y en las penas, en los éxitos, en los fracasos, en el cansancio o en la alegría, al caminar en nuestra peregrinación, todo sea una oportunidad para crecer en santidad, es decir, en la perfección de la caridad, en el llevar el amor hasta sus últimas consecuencias. Una santidad que es vivir la vida de Dios, que perdona y se acerca, que ama más allá de los límites de la correspondencia, que se sacrifica y da la vida, que alaba y ora al Señor desde la mañana hasta la noche e, incluso, a veces durante la noche.

Sí, queridos hermanos de esta Diócesis vallisoletana, vivamos este año 2026 que acaba de comenzar renovando en nosotros la llamada común a la santidad. Miremos a Santo Toribio de Mogrovejo, también a Juan de la Cruz, que vivió entre nosotros en Medina del Campo y cuyo tercer centenario de canonización también celebramos. Que el ejemplo de los santos active en nosotros el deseo de serlo y que nuestro camino de santidad, nuestra peregrinación, se realice anunciando el Evangelio, caminando juntos como pueblo, que tiene la forma de Cristo, y entregando nuestra vida según la vocación en la que hemos sido llamados.

¡Feliz año 2026! ¡Alegre y santo Jubileo de la Santidad!