Vírgenes Consagradas
Blanca Casado, ante su consagración en el Ordo Virginum: “Dios me estaba pidiendo un compromiso más serio con la Iglesia”
28 de enero de 2026
En un mundo en el que el compromiso tiende a desvanecerse, existen mujeres que eligen entregar su vida a Dios. Lo sorprendente es que no visten hábito ni viven en monasterios. Blanca Casado acudirá el sábado 31 de enero, a las 18:00 h, en la S.I. Catedral Metropolitana de Valladolid, a una de las citas más importantes de su vida. Se unirá al Ordo Virginum, una de las formas de vida consagrada más antiguas y, a la vez, más desconocidas de la Iglesia en la actualidad. Enfermera de profesión, Blanca nos explica cómo es el compromiso de entregarse a Dios en pleno siglo XXI, manteniendo su trabajo y su vida cotidiana.
Pregunta: Blanca, el Ordo Virginum es una realidad poco conocida. ¿Qué significa exactamente ser una Virgen Consagrada?
Respuesta: Ser Virgen Consagrada nace de sentir el Evangelio y la llamada de Dios en tu interior. De esta manera, buscas dar una respuesta, y esa respuesta es el mismo Dios el que te va empujando a ella. La vocación del orden de las vírgenes es, ante todo, una vocación de oración y contemplación; cada una tiene su carisma. El mío es el de ayudar a los demás, sin perder de vista la oración, y no quedar impasible ante las necesidades y situaciones de otros. Lo más difícil es tratar con personas que no piensan como tú y ser capaz de transmitirles lo que vives.
P: ¿Cómo descubrió esta vocación tan específica e identificó la diferencia que existe entre la vocación al matrimonio, la vida religiosa en un convento y el Orden de las Vírgenes?
R: He viajado mucho, me he movido en diversos ambientes sociales y universitarios sin carencias de ningún tipo, pero llegó un momento en el que me faltaba algo más. Veía que no era solo el vivir como cristiana, sino que Dios me estaba pidiendo un compromiso más serio con la Iglesia. Y ese fue el gran descubrimiento. Me frené un poco porque iba cumpliendo años y pensaba que llegaba tarde, pero para Dios nunca es tarde si lo que das, lo das desde el corazón y estando siempre atenta a ver, a escuchar y a acompañar al otro.
P: Nunca es tarde si la dicha es buena. Y en este caso es así. ¿Cómo ha sido este proceso de discernimiento y de formación ante su consagración?
R: Al principio pensaba que todo iba a ser más rápido, como el impulso de los jóvenes de querer todo aquí y ahora. Luego me serené y desde la calma entendí que no era cuestión de prisas, sino de esperar a que el Señor vaya haciendo. Han pasado tres años y sigo convencida con mi vocación, porque siento que Dios me llama a esta en concreto.
P: Para una mujer que se desenvuelve en el mundo de hoy, que ha trabajado como enfermera y que está totalmente entregada a Dios bajo la autoridad del obispo. ¿Qué ha significado tomar la decisión de consagrarse permaneciendo en lo que es su entorno cotidiano?
R: Tuve una experiencia muy fuerte hace un año en el gimnasio. Empecé a hablar con un grupo de gente, entre los que también había universitarios. Nos planteamos reflexionar sobre temas filosóficos y de fe. Me mostraron que la gente estaba deseosa de hablar desde la vivencia personal. La verdad es que aquello me sacudió y me empujó a seguir adelante. Pensé que no podía quedarme con lo que estaba viviendo para mí sola. Fue una experiencia muy buena. También mi labor en el equipo de acción social de Cáritas y el acompañamiento a familias en el barrio España me han enseñado que, más que ayuda, la gente necesita ser escuchada y entendida en su soledad.
P: A diferencia de una religiosa, usted debe gestionar su propia economía y responsabilidades. ¿Cómo se equilibra lo profesional con lo espiritual?
R: Mi compromiso me exige intentar ayudar a la gente. Y creo que hay que llevarlo todo a la oración. No se puede dar lo que no se vive. Vivimos en la sociedad de lo inmediato, donde todo va deprisa, sin detenernos en lo más importante: las personas se sienten vacías porque no escuchan y no se les escucha. El gran reto de la Iglesia hoy no es esperar a que la gente venga, sino ir hacia ellos. Actualmente, estoy colaborando en parroquias del Valle Esgueva, realizando celebraciones de la Palabra y dando la comunión. Ver la respuesta de la gente y su ansia de espiritualidad me está transformando totalmente.
P: Y su entorno, ¿cómo ha reaccionado ante su decisión?
R: Mis sobrinos no se han sorprendido, me dicen: "es que tú eres así ", cualquier decisión que tomes "está bien". Entre mis amigos ha habido de todo: desde los que se han quedado sorprendidos hasta los que me dicen que estoy loca. Yo les respondo que sí, que estoy loca, pero por una causa que da valor a mi vida.
P: El próximo sábado, Monseñor Argüello, presidirá el solemne rito de su consagración que representa un matrimonio místico con Cristo. ¿Qué significa para usted, en su oración diaria, convertirse en su esposa?
R: Significa elegir a alguien porque le quieres y te sientes querida. El esposorio con Cristo se tiene que ir trabajando igual que en los matrimonios, todos los días. Tienes que dejarte en silencio, dejarte llevar y que Él vaya haciendo. Creo que lo más importante es dar los pasos que Él quiere y continuar, sin poner trabas a nada.
P: En la ceremonia recibirá un anillo, un velo y el libro de la Liturgia de las Horas. ¿Qué valor personal tienen estos símbolos para una Virgen Consagrada?
R: El velo simboliza que ya has sido bendecida y recibida por el Señor, que estás dispuesta para Él. El anillo es la señal del esposorio místico con Cristo. Y la Liturgia de las Horas representa mi compromiso con la Iglesia.
P: Blanca nos comentaba que su misión principal es ayudar a los demás como un servicio directo a la Archidiócesis y a la sociedad. En un contexto tan complejo y cambiante como el que vivimos en 2026, ¿cuáles considera que son los grandes desafíos para una mujer consagrada?
R: El mayor desafío es no avergonzarnos de lo que vivimos y sentimos. Y esto hay que transmitírselo a los demás. Debemos llevar nuestra experiencia a los demás sin miedos, porque la gente tiene verdadera ansia de saber cómo se vive la fe hoy. Tal vez nos hemos quedado en una "fe del carbonero", basada solo en recuerdos, pero la fe nos pide comprometernos. Necesitamos descubrir lo que Jesús nos está diciendo; las lecturas del Evangelio no son solo historias pasadas, son mensajes que debemos traducir a nuestra vida actual. Un cristiano no puede permanecer impasible ante la situación del mundo de hoy. Todo el mundo no va a pensar como yo, pero creo que tengo la obligación de expresar mi vivencia, no esconderme.
P: Has recorrido un largo camino hasta afianzar este compromiso. En este sentido, ¿qué le dirías a una mujer joven que siente la llamada a la entrega total, pero que no se identifica con la vida en un convento?
R: Le diría que se ponga delante de Dios y le pregunte qué siente y qué quiere hacer. Si realmente siente que debe comprometerse con Cristo, no hace falta en un convento, que se lance. Va a recibir una alegría inmensa y se va a sentir muy plena. Como enfermera, puedo asegurar que dedicarte a los enfermos desde un plano puramente laico es muy distinto a hacerlo cuando vives la acción de Dios en ti. Cambia mucho. Ya no ves solo a un paciente que está ahí, ves a otra persona. Y la forma de tratarles, la comunicación, se vuelve distinta porque el Señor la transforma. Pero para que eso ocurra, hay que llevar cada vivencia al interior y a la oración. Creo que a todos nos hace falta reflexionar más sobre ello.