Manos Unidas sigue declarando la guerra al hambre. Lo hizo desde su inicio, cuando las mujeres de Acción Católica en el año 1959 lanzaron una campaña en la que declaraban solemnemente esta guerra al hambre. En esta campaña del año 2026, Manos Unidas sigue en este mismo combate y lo hace para que sea posible la paz. Puede parecernos contradictorio hablar de combate, de guerra, para que sea posible la paz, pero ya el gran Papa Pablo VI en la encíclica ‘Populorum progressio’ nos dice que desarrollo, que justicia es el nuevo nombre de la paz.
Por eso, para edificar la paz es imprescindible combatir aquello que se opone a la misma: la mentira, la injusticia, las desigualdades, el pecado, en definitiva. Esto supone un verdadero combate, una declaración de guerra. Sabemos bien que la plenitud de la paz no es de este mundo y que esperamos la segunda venida del Señor, Príncipe de la Paz, para establecer definitivamente la verdad y la justicia y resplandezca la paz como plenitud de todos los bienes. Pero, mientras caminamos en la historia y seguimos siendo peregrinos, es imprescindible seguir en este combate, cayendo en la cuenta de cuáles son las causas del hambre en el mundo, que tienen que ver seguramente con el corazón de la injusticia y la mentira, que es la ambición de poder.
En el plano personal, en un combate entre la libertad y el amor, entre la soberbia y la humildad, que tiene que ver también con nuestras relaciones familiares, vecinales y las relaciones entre los pueblos, en los que, además, en los últimos meses aflora con una especial desvergüenza la voluntad de poder como argumento para organizar las relaciones entre los pueblos.
Por eso, para edificar la paz hace falta situarnos en este combate que tiene una dimensión profundamente espiritual. Se trata de un combate contra el pecado personal y estructural, de un pecado contra las causas de injusticias, desigualdades, enfrentamientos…
La Iglesia se denomina a sí misma, mientras realiza su peregrinación en la historia, Iglesia militante, en un peregrinar hacia la Iglesia triunfante, habiendo de pasar por una prueba de purificación que llamamos Iglesia purgante o en purificación de sus manchas y pecados. La militancia es el nombre de la vocación de los cristianos en este mundo. La militancia cristiana o ejercicio de la caridad social o política, que llama la Doctrina Social de la Iglesia, es la identidad y espiritualidad de los laicos que, en medio de las diversas situaciones de nuestro mundo, combaten contra el pecado sabiendo que la muerte ha sido vencida. Por eso, los militantes cristianos se preguntan sobre las causas de los problemas de este mundo. Los militantes cristianos, que tienen como bandera la dignidad humana, tratan de acoger, de cuidar, de sostener a aquellos que sufren las consecuencias del pecado. Por eso, la militancia cristiana une, lucha contra las causas y solidaridad cercana, promoción y asistencia a aquellos que tienen verdaderos problemas para subsistir, para vivir cotidianamente.
Ya Manos Unidas nos ha recordado tantas veces que no es necesario sólo dar un trozo de pescado a alguien que tiene hambre, sino que es necesario enseñar a pescar y crear las condiciones para que esta pesca pueda realizarse. Es la insistencia, desde el principio, en una promoción humana que tenga en cuenta la dimensión social, estructural, institucional de la vida de la que formamos parte.
Es una buena ocasión esta campaña de Manos Unidas 2026 para recordar la militancia cristiana, para proponer y promover la militancia cristiana, para la cual hace falta asociarse y formarse para poder discernir juntos las situaciones, los problemas y sus causas; poner en marcha también algunos elementos, no sólo de asistencia directa sino de promoción, creando instituciones o mediaciones que hagan posible que este combate en favor de la paz encuentre —valga la expresión— las armas adecuadas.
Hoy, entre nosotros, muchas veces preferimos hablar de la palabra voluntario o voluntariado porque, quizás, militante cristiano nos parece una palabra demasiado fuerte. Bienvenida sea la generosidad de quien desea regalar tiempo de su vida para ofrecérselo a los demás, pero bienaventurados aquellos que descubren en la militancia cristiana el ejercicio de una vocación, de una entrega total de su existencia; que caen en la cuenta, como ya nos recuerda la Escritura, de que nuestra peregrinación es un verdadero combate espiritual contra las fuerzas del mal, que son expresión del maligno que quiere apartarnos de hacer la voluntad de Dios.
Jesucristo ha vencido al pecado y a la muerte. Por eso podemos vivir el ejercicio de la militancia cristiana con esperanza, aunque nuestros logros sean menguados. Por eso podemos poner el acento de nuestra lucha en todo aquello que brota de la realidad del pecado, que se hace pecado estructural, situaciones de injusticia, de desigualdad, de mentira.
Vivamos esta campaña de Manos Unidas en el horizonte del año 2033, en el que celebramos, precisamente, el acontecimiento en el que la victoria de Jesucristo sobre el pecado y sobre la muerte se realiza. No pongamos sólo la mirada en una agenda 2030 que haría de Manos Unidas solo una organización no gubernamental, una ONG como otras, al servicio de los planes establecidos en el marco limitado de los poderes de este mundo. Que el horizonte 2033, que la victoria del Príncipe de la Paz nos haga militantes cristianos combatientes contra el hambre para que sea posible la paz.