Archidiócesis de Valladolid

El acompañamiento de la Iglesia a los familiares y amigos de Juan Esteban, el joven asesinado en La Rondilla

5 de marzo de 2026


La muerte violenta de un joven de 18 años recién cumplidos, presuntamente apuñalado mortalmente por otro de 13 —es decir, inimputable—, sacudía el pasado 20 de febrero a Valladolid.

Aún con la incomprensión por lo sucedido, la Iglesia vallisoletana, principalmente a través de la unidad parroquial San Fernando-Santa Teresa de Jesús, ofreció desde esas primeras horas su cercanía, oración y ayuda a los familiares y amigos de la víctima. Con una clara intención: la de acompañar ante semejante tragedia, poniendo en el centro el amor y el perdón. Acompañamiento que no se circunscribe únicamente al plano religioso y espiritual, sino también poniendo a su disposición un apoyo psicológico a través de los profesionales de Cáritas y el Centro de Orientación Familiar (COF) Diocesano. “No tienen más que pedirlo”, asegura que les ha insistido, consciente también de que probablemente necesiten "tiempo" para aceptar este ofrecimiento, el párroco de este templo ubicado en el barrio de La Rondilla, el mismo en el que perdía la vida Juan Esteban, al que han despedido con un novenario.

El párroco de Santa Teresa ha acompañado a los padres del joven presuntamente asesinado desde el tanatorio, tratando de ser “próximo” y “ofrecerles toda la ayuda”. Celebró, de hecho, la Misa funeral antes de que incineraran los restos mortales de su hijo. “Están absolutamente destrozados”, reconoce a IEV. Sobre todo, la madre, a la que “lo que más consuela” es saber “que tu hijo era muy querido por Dios”. Es el mensaje en el que ha insistido este sacerdote diocesano en las conversaciones que ha podido tener con estos padres, tratando de “mantener” en ellos la esperanza cristiana, que es la vida eterna, trasladándoles que “lo que espero para mí, ya lo tiene vuestro hijo: que Dios le haya dado un abrazo, le haya sentado a la mesa y le haya dicho: bienvenido a casa”.

La Parroquia de Santa Teresa de Jesús, a iniciativa de una amiga de la familia, acogió hasta este miércoles, 4 de marzo, la celebración de un novenario por Juan Esteban. Estas series de nueve días consecutivos de oración por el alma de un difunto “no son habituales” en este templo de La Rondilla, explica su párroco, quien ha dado Misa la mayoría de estos nueve días para “nunca menos de 40” allegados del joven presuntamente asesinado. “Ha habido días”, puntualiza, “que han venido 70 y 80”.

Cuando al párroco no le ha sido posible, ha sido su vicario parroquial el encargado de celebrar un novenario al que han acudido “sobre todo, jóvenes”, llenando de ramos de flores una fotografía de Juan Esteban que fue ubicada estos días a los pies de una imagen de la Virgen.

Esperanza cristiana, amor y perdón

¿Y qué puede decir un sacerdote a sus fieles, muchos de ellos familiares y amigos del fallecido, tras la muerte en circunstancias violentas de un joven de tan solo 18 años de edad? “No es tanto decir” como “estar y escuchar, que es lo más importante”, señala el vicario parroquial de Santa Teresa, con amplia experiencia en acompañamiento a enfermos y a personas en el tramo final de su vida. Sin hacer a un lado el “dolor” y la “tristeza”, en sus homilías durante el novenario ha puesto especial énfasis en “el amor” porque “el amor”, insiste, “nunca nos va a separar de un hijo, un hermano, sino que nos va a mantener unidos a él”. “Eso es a lo que nos tenemos que agarrar”, sostiene.

El Evangelio del día le llevó al párroco de Santa Teresa a tener que reflexionar en pleno novenario sobre la lectura, según San Mateo, en torno a la justicia y uno de los Diez Mandamientos: “No matarás”. Temeroso de una “reacción” también violenta al crimen de Juan Esteban, en sus misas ha “insistido por activa y por pasiva en que nosotros tenemos que perdonar” y “mirar a Dios, el padre de la misericordia”. “Nuestros esfuerzos”, recuerda, “tienen que ir para el Reino”.

Este tipo de novenarios no son habituales en las parroquias de Valladolid. Como tampoco lo es ver levantar un ‘altar’ en plena calle, con velas, flores y mensajes de despedida, ante el que también bajaron a rezar las religiosas del Amor de Dios, cuya comunidad se encuentra muy cercana a la calle Democracia, donde Juan Esteban fue subido a una ambulancia hasta el hospital, en el que solo pudieron certificar su muerte.

La decisión de estas hermanas de bajar a la calle tras el crimen para acompañar con su oración a los jóvenes —en su mayoría, mujeres— que se agolpaban ante este improvisado ‘altar’ fue un signo concreto más de la “entrega a los demás” a la que exhortó el Arzobispo de Valladolid, monseñor Luis Argüello, durante la segunda edición de la Fiesta de las Familias, celebrada al día siguiente del fatal suceso y en la que, desde una concepción de la Iglesia vallisoletana que quiere ser "familia de familias" y, por tanto, acogedora, también se rezó especialmente por todas aquellas familias que “tienen problemas” o “sufren”. Y, en el caso concreto de la de Juan Esteban, por su reciente pérdida, especialmente dolorosa e irreparable.