Archidiócesis de Valladolid
El Arzobispo de Valladolid concelebra en un día histórico para la Sagrada Familia con León XIV en el altar que dedicó otro Papa
11 de junio de 2026
Antes de poner rumbo este 11 de junio a Canarias, tercera y última etapa de su primer viaje apostólico a España, el Papa León XIV presidió el miércoles 10 la Santa Misa en la Sagrada Familia. Fue un día histórico para la basílica porque, finalizada la Eucaristía, el Santo Padre bendijo la Torre de Jesucristo. Todo ello, coincidiendo con el primer centenario de la muerte de Antonio Gaudí, artífice de un templo que atisba ya con este nuevo hito su conclusión.
Y en esta celebración histórica estuvo presente el Arzobispo de Valladolid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, quien pudo concelebrar y situarse en el momento de la Plegaria Eucarística junto a León XIV y, entre otros, el anfitrión de esta segunda etapa del viaje, el cardenal Juan José Omella, en torno al mismo altar que dedicó otro Papa, Benedicto XVI, en noviembre de 2010, fecha en que la Sagrada Familia adquirió también la categoría de basílica menor.
Monseñor Argüello, que forma parte del séquito papal en este viaje apostólico, participó también en otras de las celebraciones que presidió el Papa en Barcelona, como la vigilia de oración en el Estadio Olímpico, donde también actuó el grupo vallisoletano Siloé; la visita y el rezo del Santo Rosario en la Abadía de Montserrat, donde coincidió con los dos ministros vallisoletanos del Gobierno de España, Óscar Puente y Ana Redondo; y el encuentro con las realidades de caridad y asistencia diocesanas en la Parroquia de San Agustín, en pleno barrio de El Raval.
Además, en el interior de la Sagrada Familia se encontraban también tres presbíteros llegados desde la Archidiócesis de Valladolid —Marcos Rebollo, Alberto Pérez y Juan Argüello—que volaron desde el Aeropuerto de Villanubla junto a otros seis fieles.
Esta segunda etapa del viaje apostólico del Papa León XIV a España dejó también una simpática escena a la llegada de los obispos a la Abadía de Montserrat, con el Arzobispo emérito de Valladolid, el cardenal Ricardo Blázquez, saludando amistosamente a las personas que esperaban la llegada de Su Santidad. Entre ellos, muchos escolares, visiblemente emocionados al poder estrechar su mano, entre otras, con las del cardenal Blázquez.
El lema ‘Alzad la mirada’ cobra todo el sentido
Con la bendición de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia el lema de este viaje apostólico, ‘Alzad la mirada’, cobró todo el sentido. Miles de fieles dirigieron su mirada a lo alto del cielo de la Ciudad Condal y, más concretamente, a lo alto de un templo coronado ya por una gran cruz.
En su homilía, el Papa León XIV significó que “esta iglesia es un único edificio, compuesto por muchas piedras. Una casa que crece con constancia a lo largo de los años, siguiendo un mismo proyecto”. “Todos nosotros”, afirmó, “somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo”.
“No habitamos, pues, una obra inacabada”, advirtió el Santo Padre, “sino un templo aún en construcción”. Y, por ello, ahondó sobre el hecho de que “su imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama”.
En alusión a la “belleza” de este templo, aseguró el Santo Padre que esta “nos anima a aprender cada vez más de nuestro Maestro y Señor el arte de vivir según su Evangelio”. “Mientras alzamos la mirada hacia Él”, dijo aludiendo al lema de su viaje apostólico a España, “comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo”. “Y demostremos así”, concluyó, “que la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo”.