Catedral

El Cabildo Catedralicio se renueva con la toma de posesión de tres nuevos canónigos que asumen su cargo en clave de "servicio"

19 de junio de 2026


El Cabildo Catedralicio vive un momento de renovación con la incorporación de nuevos canónigos que asumen su nombramiento no como un reconocimiento, sino como un servicio a la Iglesia que camina en Valladolid. Este nuevo impulso conjuga la sensibilidad artística de Juan Pablo Hervada —nuevo prefecto de música, miembro del Secretariado de Cultura del Arzobispado de Valladolid y párroco de cuatro localidades—, con la visión ejecutiva de Guillermo Camino y Jesús Álvaro Sancho. Estos dos últimos se incorporan como miembros durante munere, un cargo que desempeñarán en paralelo mientras ejerzan como delegado de Religiosidad Popular y párroco de San Lorenzo, respectivamente.

Los nuevos capitulares se enfrentan al reto de compaginar sus ya cargadas agendas pastorales y parroquiales con la vida de la Seo Metropolitana. A las puertas de su toma de posesión, que tendrá lugar el próximo domingo 21 de junio, a las 18:00 h, y que estará presidida por el Arzobispo de Valladolid, monseñor Luis Argüello, los tres sacerdotes reconocen que la propuesta de esta nueva encomienda supuso un impacto en un principio.

La primera reacción de Juan Pablo Hervada fue de “sorpresa”. El nuevo prefecto de música admite afrontar el cargo “entre temor y temblor”, pero también “con ilusión porque es hacer un trabajo bien al servicio de la Iglesia en la Catedral”. Por su parte, lo primero que se le pasó por la cabeza a Jesús Álvaro Sancho fue que se trata de “un servicio más y un lugar donde poder servir mejor a los fieles”. Mientras que, para Guillermo Camino, este nuevo nombramiento está ligado a sus raíces. “Para los lasalianos de corazón como yo, este primer impacto sí que me llevó a recordar el hecho de que San Juan Bautista de la Salle, que era canónigo de Reims, entendió que para estar al servicio y cercanía de los pobres, lo mejor era renunciar a esa condición”. Por ello, pide al Señor que “aceptarlo no sea un alejarme, sino un estar más disponible”.

Del "cursus honorum" a la Iglesia orante

Tradicionalmente, el cargo de canónigo se ha percibido como el broche de oro a una trayectoria eclesiástica. Sin embargo, los tres nuevos canónigos insisten en el cambio de percepción que existe actualmente. “Históricamente, se ha entendido ser canónigo en tiempos pasados como una especie de reconocimiento, una dignidad dentro del cursus honorum que se decía antes dentro de esta carrera eclesiástica; pero ahora hay que entenderlo en la clave de servicio. Si no lo entendemos así, estamos equivocados”, explica Hervada.

Este servicio implica también una dimensión de acogida y oración en una Catedral que ve aumentar su afluencia tanto para el turismo cultural como para los sacramentos. Al respecto, Camino destaca que busca potenciar la “dimensión orante y cuidar la liturgia”, transformando el espacio en una “expresión de esa iglesia diocesana que ora en torno a su pastor”. Este reto es especialmente necesario en un momento en el que, “quizá”, apunta Camino, “hemos pasado de un culto más limitado y no tan accesible por horarios, a un momento donde son muchas las personas que pasan tanto para recibir el Sacramento de la Reconciliación como para celebrar de un modo extraordinario la liturgia del domingo”.

La “Casa Madre” en sintonía con las parroquias

Como “Casa Madre” de la Archidiócesis, uno de los grandes desafíos de la Seo Metropolitana es conseguir que las parroquias de los barrios y de los pueblos la sientan como algo propio y no como un mero monumento. Al respecto, Sancho destaca que la clave se encuentra en la comunión eclesial: “Fundamentalmente porque somos una comunidad y una iglesia, una familia; entonces todo lo que sea relacionado con la Catedral nos tiene que unir a todos”. Para el nuevo canónigo, las celebraciones de la Seo son la “prolongación” de la vida comunitaria y una vía para “ir buscando también esa iglesia que es más grande que la iglesia local o la iglesia parroquial”, y que tiene que abrirse a la dimensión universal.

El hecho de que los nuevos capitulares sean párrocos en activo es un factor determinante para lograr este objetivo. Sancho subraya que su labor a pie de calle “tiene la importancia de que te hace valorar también esa relación con las personas”, asegurando que el Cabildo no debe ser “una institución que quiera ser al margen de las personas, sino al contrario”. En su opinión, esa experiencia y la cercanía con la gente logran que “nuestra labor y nuestro servicio sean más cercanos y, sobre todo, que dé respuesta a las necesidades reales de la gente”.

El esperado legado

Aunque aún no han tomado las riendas del nuevo camino que están a punto de emprender, si imaginan los cambios que les gustaría consolidar en la Catedral gracias a su labor en el Cabildo Catedralicio. En el ámbito litúrgico y musical, Juan Pablo Hervada señala la necesidad de cuidar especialmente las celebraciones, buscando que se asienten "como algo natural". Para Hervada, el gran reto es lograr que los actos sean siempre "preparados, bellos y significativos", es decir, algo que, en definitiva, "te interrogue".

Por su parte, Jesús Álvaro Sancho sitúa la meta principal en los lazos humanos y pastorales de la Archidiócesis, ya que le gustaría que “pudiéramos vivir una iglesia diocesana en la que todos nos sintamos verdaderamente familia”, afirma, añadiendo que, por encima de todo lo demás, “si conseguimos que seamos familia, hemos conseguido mucho, porque sentir la Iglesia como algo cercano y no solamente como algo que está ahí, es un avance importante”.

Finalmente, Guillermo Camino apuesta por una Catedral que actúe como epicentro espiritual y cultural abierto a todos. Su deseo es “hacer que nuestra Catedral realmente fuera sentida como una Iglesia madre, que el rico patrimonio cultural, artístico y musical que la misma alberga haya podido estar al acceso de muchas personas”. Incidiendo en la importancia de transmitir, “lo que somos como diócesis, lo que ha sido nuestra historia, cuáles son las claves de nuestra propia espiritualidad; y todo ello como un camino que lleva al Señor, que interroga, que acoge y que recibe las diferentes situaciones en las que se hallan las personas”.