Seminario Metropolitano la Inmaculada

El Día del Seminario 2026 valora la entrega de quienes abandonan sus proyectos personales para responder a la llamada del Señor

19 de marzo de 2026


‘Deja tus redes y sígueme’ es el lema que en este 2026 abandera la campaña en favor de las vocaciones sacerdotales del Día del Seminario, inspirado en el Evangelio de Lucas: “Y dejándolo todo, lo siguieron” (Lc. 5, 11). La Archidiócesis de Valladolid está preparada para celebrar esta jornada dedicada a la oración con la que se quiere destacar la valentía de quienes abandonan sus proyectos personales para responder a la llamada de Dios al sacerdocio.

La jornada diocesana tendrá lugar el domingo 22 de marzo —primer domingo tras la Solemnidad de San José—, en la que se realizará la colecta especial y los seminaristas visitarán distintas parroquias de la Archidiócesis vallisoletana para compartir su testimonio. El corazón de la celebración tendrá lugar hoy, 19 de marzo, con la Eucaristía presidida por el Arzobispo de Valladolid, don Luis Argüello, a las 18:00 h en la capilla del Seminario Diocesano. Sin duda, esta cita anual es la oportunidad perfecta para que todos aquellos que forman parte de la Iglesia que camina en Valladolid reconozcan el valor del Seminario y de sus 10 seminaristas. Cabe recordar que toda comunidad diocesana es corresponsable del cuidado y sostenimiento de los futuros sacerdotes, apoyándoles no solo económicamente, sino también con la oración y el compromiso para que surjan nuevas vocaciones.

Soltar “redes”

“El proyecto de Dios siempre va a ser mejor”. Con esta convicción, el joven venezolano, Anthony Joseph Oropeza, uno de los diez seminaristas que se forma en el Seminario Diocesano de Valladolid, comparte su testimonio en el marco de una jornada que invita a los jóvenes a “dejar sus redes”, emulando a San Pedro y San Andrés. De hecho, las figuras de los apóstoles son un espejo donde mirar sus propias dificultades. Recuerda que incluso los pilares de la Iglesia tuvieron debilidades, como las negaciones de Pedro o la incredulidad de Tomás. “Somos frágiles y el Señor hace valer su gloria en esa fragilidad”, afirma. Según su experiencia, es precisamente en los momentos de mayor impacto donde se percibe la mano de Dios, porque “cuando pasan cosas muy grandes, ahí te das cuenta de que no eres tú; es Cristo el que está actuando, es la gracia de Dios la que actúa”, subraya.

Para Anthony, las "redes" que tuvo que soltar tenían nombres concretos. Después de año y medio estudiando Procesos Químicos, abandonó la universidad para “entrar en el Seminario”. Con tan solo 19 años, su prioridad era no poner “tropiezos” al Señor, “si me llamaba, que fuera de una vez”, afirma, para volcarse por completo a su fe. Pero las redes no se limitan al entorno profesional; también alcanzan la dimensión familiar. Reconoce que para él supuso “un desafío” dejar la casa paterna y su comunidad carismática. Es más, confiesa que le “costó muchísimo” tener que abandonar “ese estilo de vida y manera de orar”, para centrarse en algo “más diocesano”.

Cuando uno emprende el camino hacia el sacerdocio, enfrenta diversas batallas donde afloran “dudas, dificultades y tentaciones”. El seminarista admite que, en ocasiones, se ha sentido “indigno del llamado” porque, a su entender, “nadie es digno de que el Señor lo llame de por sí”. Sin embargo, este desasosiego encontró respuesta en el consejo de un presbítero, quien le recordó que “el que te hace digno es Dios, Él te conoce tal cual eres, así te llama, y después tienes que ir purificándote”.

Un sí que cruzó el océano

El camino vocacional de Anthony ha estado marcado por giros inesperados que le llevaron desde su Venezuela natal hasta España. Una nueva etapa que le ha permitido vivir grandes momentos de comunión, que nunca llegó a imaginar, como la JMJ de Lisboa. “Ya había asistido a la de Río de Janeiro como seminarista, pero ya había pasado muchísimo tiempo y habían cambiado muchas cosas”. Pero sin duda, el momento más significativo de este trayecto ha sido el de coincidir con el Santo Padre: “Estar en Roma y ver al Papa fue una gracia increíble. Nunca me lo imaginé, nunca”, relata emocionado.

Seguro de su elección, Anthony es consciente de los desafíos que tiene que enfrentar día a día. Para quienes ven la juventud como un impedimento para afrontar un compromiso de estas características, como es la vocación sacerdotal, tiene una respuesta firme: “Mientras más joven uno le dice que sí a Dios, más se aprovecha la vida, porque vas a ser feliz más rápido”.

Sabe que, en este largo recorrido, no está solo. La comunidad que integra el Seminario Diocesano de Valladolid es su verdadera “red de apoyo”. Desde el rector, los directores espirituales y los formadores, hasta sus compañeros. "Este camino para la salvación no es solitario. Somos una Iglesia que peregrina junta para alcanzar el cielo", manifiesta.

Distinguir la voz de Dios ante tanto “ruido”

La historia de Anthony refleja cómo el discernimiento vocacional puede cambiar radicalmente el rumbo de una vida en un mundo saturado de “ruido”, en el que cada vez se tiende más a escuchar menos. A pesar de las dificultades, este joven seminarista logró distinguir la voz de Dios diciéndole: “Sígueme”, como reza el lema de la campaña de este año. “Hoy en día, con tanto ruido, las redes sociales, las noticias y la sociedad, que te desvían o te quieren desviar del camino de Dios, es importante saber cómo discernir por dónde es que Dios quiere que camines”, explica. La clave de esta escucha, apunta, reside en “la oración”, acción que define como “fundamental”. “Ya sea orando tú mismo frente al Sagrario”, en comunidad o “yendo a misa”. Porque es aquí, argumenta, donde “Dios habla, donde verdaderamente escuchas la voz de Dios”, porque al final, el Señor “da signos, da señales”.

Uno de esos signos para Anthony fue el de “vivir con intensidad” el momento de la Consagración. Un acto que sin duda marcó su vida. De pequeño, recuerda, “cómo hacía silencio” para sentir profundamente “algo tan increíble” que, a día de hoy, aún le asombra. El hecho de que “Dios se haga presente en el altar por las manos de un hombre común y corriente”.

Para concluir, el joven seminarista insiste en que la vocación sacerdotal no es una carga, asegurando que “si uno puede discernir qué es lo que Dios tiene preparado para ti desde muy joven, ese es el camino que Dios quiere para tu felicidad”, poniendo de manifiesto cómo la voluntad divina es nuestro mayor bien.

“¡Qué importante es que el pueblo de Dios desee sacerdotes!”

En el marco de la celebración del Día del Seminario, el Arzobispo de Valladolid, don Luis Argüello, ha publicado su carta pastoral correspondiente a la segunda quincena de marzo titulada: ‘¡Qué importante es que el pueblo de Dios desee sacerdotes!’.

En ella, el prelado vallisoletano aborda la importancia de las vocaciones en la Iglesia frente a los "debates perplejos" que en algunas comunidades sugieren que el laicado realiza una “tarea de sustitución”. En este sentido, Monseñor Argüello aclara que este planteamiento no es correcto y explica cómo los laicos “tienen su vocación propia en la Iglesia y singularmente en el mundo”, y cómo el ministro ordenado también posee su “misión propia” de hacer presente a Jesucristo.

Asimismo, el Arzobispo hace un llamamiento a que todos se pregunten “¿Para quién soy yo?”, “creciendo todos” en su respectiva vocación, a través de “propuestas concretas a niños, adolescentes, jóvenes y mayores” para estar dispuestos “a dejar las redes” y así, “seguir al Señor”.

El prelado vallisoletano concluye su misiva con un agradecimiento a la labor de los presbíteros y a los 10 seminaristas de la Archidiócesis de Valladolid, alentándolos a que “estén abiertos” y “a seguir formando su corazón”.