Archidiócesis de Valladolid
El Miércoles de Ceniza abre una Cuaresma con una “especial” llamada a la santidad en la Archidiócesis de Valladolid
19 de febrero de 2026
Con la imposición de la ceniza en parroquias, iglesias penitenciales y conventuales, basílicas, santuarios, capillas de colegios de ideario católico, ermitas, centros asistenciales y residenciales, dio comienzo este miércoles la Cuaresma. Un tiempo “fuerte” para el conjunto de la Iglesia Católica, como remarcó el Arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, que la Archidiócesis vallisoletana acoge este 2026, en el que está celebrando un año jubilar con motivo del tercer centenario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, con una “especial” llamada “a la santidad”. Que “es el motivo”, subrayó el prelado vallisoletano este Miércoles de Ceniza, “por el que Dios ha querido crearnos y llamarnos a la vida”.
En su homilía, durante la celebración de la Eucaristía en la Santa Iglesia Metropolitana Catedral, el Arzobispo de Valladolid planteó esta vida de santidad como “un combate” entre ese mismo camino de santificación, al que exhortó, frente a un pecado que “transforma ese deseo de gloria” en una suerte de “vanagloria, en la búsqueda de la recompensa mundana” que “nos aparta de Dios y hace que tengamos que poner la confianza en honores y en bienes”. En este sentido, monseñor Argüello advirtió que “la gloria de los bienes y de los honores es vana”. “No tiene consistencia”, insistió, “se la lleva cualquier viento y está permanentemente amenazada por la condición mortal de nosotros mismos”.
Con los ecos de su última carta pastoral —‘La Cuaresma: dos síes y un no’—, animó a los fieles vallisoletanos a “vivir según el Espíritu”, a “renovar profundamente la vida bautismal” y a “acercarnos más y más a Dios”. ¿Cómo? A través de una oración “más íntima, más intensa, más comunitaria, más celebrativa y sacramental”, pero también ejercitando la limosna, entregando “la vida” y “el tiempo” y poniéndolos “al servicio de los demás, especialmente de los más desfavorecidos”.
Y junto a la oración y la limosna, que “nos ayudan en este proceso de santificación”, el prelado vallisoletano indicó un tercer elemento para que en el combate entre la carne y el Espíritu triunfe este último: el ayuno. Por un lado, el ayuno de carne todos los viernes de Cuaresma, como “un gesto externo, concreto, visible, que nos recuerda algo más profundo: la carne de nuestra propia existencia y la carnalidad de cerrar nuestro propio corazón al amor propio, al querer vivir sólo desde nuestras propias fuerzas, sin contar con la gracia de Dios y la comunión de la Iglesia”. Pero también un ayuno “por supuesto, del pecado” y de otras “cosas buenas”, cuya renuncia abre una puerta “al Señor y a llevar el amor del Señor a los hermanos”.
“Tienes cara de Cuaresma”
Muy cerca de la Catedral, la Capilla del Cristo de la Luz, en el Palacio de Santa Cruz, sede de la Universidad de Valladolid, se quedó pequeña para acoger a los universitarios y cofrades que se acercaron a celebrar este Miércoles de Ceniza junto a la Pastoral Universitaria y la Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz.
A los pies de este Cristo crucificado —para muchos, “la perla” del imaginero Gregorio Fernández—, el padre Eugenio Oterino (CMF), que concelebró con el delegado de Pastoral Juvenil, el presbítero diocesano Juan Argüello, apeló a dar la importancia “justa” a la ceniza. “No pensemos que con eso está hecho todo”, advirtió refiriéndose al gesto de la imposición de la ceniza. “Ni mucho menos”, insistió al tiempo que definió este rito como “el toque de salida para toda la tarea de la Cuaresma”.
Así mismo, exhortó a hacer una lectura “pesimista” de este tiempo litúrgico. “A veces”, explicó en su homilía, “he oído la expresión: tienes cara de Cuaresma”. Como dando “a entender”, prosiguió, “una cara como de amargado”. “No”, corrigió el padre Oterino, “la Cuaresma no es tiempo de tristeza ni de amargura”, sino “de reflexión, de tomarnos más en serio nuestra vida cristiana”. Y empleó para reforzar su tesis un paralelismo con ese momento en el que cualquier trabajador se plantea hacer balance de su trayectoria profesional. “Nadie os dice que sois unas personas pesimistas y amargadas porque hacéis balance”, aseguró. “Sino personas sensatas”, concluyó para insistir, antes de imponer la ceniza a cofrades y universitarios, en la idea de que la Cuaresma es camino de reflexión y mejora.