Centro de Orientación Familiar (COF)
Frente al blindaje del aborto, el Servicio de Atención a la Vida del COF: “Un espacio que abrace y les diga: ¡Esta es tu casa!"
10 de abril de 2026
La actualidad política ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre el aborto, tras la reciente aprobación por parte del Consejo de Ministros del Gobierno de España del proyecto para blindarlo incluyéndolo en la Constitución. Pese a que todo indica que la propuesta carece de recorrido parlamentario por falta de apoyo de la oposición, ante este escenario, el Arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, don Luis Argüello, ha compartido su reflexión a través de su perfil de la red social X (antes Twitter). Para el prelado vallisoletano, el debate no debería centrarse en el aborto, sino en la promoción de la vida desde el momento de la concepción hasta su muerte natural y en dar una respuesta real ante una posible vulnerabilidad. Monseñor Argüello lamenta que, en pleno “invierno demográfico”, el Gobierno priorice un cambio constitucional “en favor de la muerte” y utilice a las mujeres como “coartada ideológica”, en vez de blindar “el derecho a la vida y el apoyo a la mujer en la promoción de la maternidad”.
Al margen del debate político, pero en el corazón de la atención a la vida se encuentra un servicio específico del Centro de Orientación Familiar (COF) Diocesano de Valladolid, que trabaja desde 2008 para construir una cultura de acogida para que ninguna mujer se sienta sola ante un embarazo inesperado. En IEV hablamos con Mónica Campos, coordinadora del COF, para descubrir cómo este "cachito de Iglesia" se presenta como la alternativa real frente a la soledad y la precariedad que a menudo aboca al aborto pese existir otras alternativas.
Pregunta: ¿En qué momento y con qué objetivo nace el Servicio de Atención a la Vida en la Archidiócesis de Valladolid?
Respuesta: El Servicio de Atención a la Vida nace al mismo tiempo que el Centro Diocesano de Orientación Familiar (COF), en 2008. Desde ese instante comienza a caminar de la mano del resto de las actividades del centro, ofreciendo un espacio de apoyo donde la prioridad es proteger la vida y apoyar a la mujer en su maternidad.
P: ¿Cuál es el perfil de las mujeres que acuden a este servicio de apoyo? ¿Llegan principalmente mujeres solas o familias completas?
R: La realidad es que atendemos a muchas familias y matrimonios. Es cierto que, a veces, la primera demanda la hace la mujer, pero en cuanto perciben el tono de acogida del centro, al final, vienen acompañadas por sus parejas, sus hijos e incluso las abuelas. Aunque en un principio la demanda la realice la mujer, el Servicio de Atención a la Vida termina acompañando toda la realidad familiar.
P: Han pasado 18 años desde la apertura. ¿Cómo ha evolucionado el perfil de los usuarios en este tiempo?
R: En 2008, junto al resto del perfil más común presente en este servicio —mujeres migrantes y procedentes de barrios vulnerables—, con la crisis económica, hubo una gran demanda de mujeres españolas con cierta estabilidad laboral que se vieron en la necesidad de pedir ayudas básicas para sus hijos. Quizás ahora, el grueso de las mujeres que atendemos nos llega derivado de los Centros de Acción Social (CEAS), del Ayuntamiento o de trabajadoras sociales de centros de salud.
P: Para cuantificar esta labor, ¿cuántas personas han atendido hasta la fecha?
R: En este Servicio de Atención a la Vida de la Archidiócesis de Valladolid, hemos atendido a unas 650 mujeres.
P: Detrás de cada una de ellas hay una historia particular. ¿Qué situaciones de fragilidad encuentran con más frecuencia al recibir a estas personas?
R: En el perfil de mujeres que vienen de otros países, se junta la vulnerabilidad por el embarazo —muchas veces imprevisto y otras planeado, pero en situación de dificultad económica— con el duelo por el desplazamiento migratorio. Están intentando integrarse en una nueva cultura mientras, en ocasiones, atraviesan separaciones de sus parejas o dificultades con los hijos que ya tienen. Viven todo esto a la vez. Al final, la mayor vulnerabilidad no es solo la económica, que pesa mucho, sino la sensación de soledad. Y lo que necesitan es encontrar un espacio como el COF que las acoja, las abrace y les diga: ¡Esta es tu casa! Por tanto, el Centro Diocesano de Orientación Familiar es ese “cachito de Iglesia” que desde la maternidad les ofrece un lugar para ellas.
P: Entiendo que en ese "abrazo" también existen los obstáculos. ¿Cuáles son las dificultades a las que se enfrentan en el día a día del acompañamiento?
R: El idioma es una de ellas, pero existen otros. Uno de los más complejos es hacerles entender que el Servicio de Atención a la Vida no es un dispensador de pañales o toallitas, sino que ofrecemos una relación de confianza para acompañarlas, no solo para dar cosas. Queremos crear con ellas una relación que permita una ayuda no solo en lo económico, sino también para sostenerles como familia, como pareja y como padres.
Contamos con un equipo de voluntarios que acude a los hogares y ahí hemos tenido que aprender mucho. Por ejemplo, por cuestiones culturales, en una familia marroquí no siempre es bien recibido que un voluntario varón entre solo en la casa. En estos 18 años hemos adquirido un aprendizaje y ahora enviamos a una mujer o a una pareja de voluntarios.
P: Para concretar la labor del servicio, ¿cuál es el protocolo que siguen cuando una persona contacta con ustedes por primera vez?
R: Normalmente, la mayoría de las personas que se acercan están en situación de vulnerabilidad. Entonces, lo primero que hacemos es coordinarnos con el trabajador del centro de acción social del Ayuntamiento con el que tienen contacto para verificar que esta persona se encuentra en una situación de verdadera necesidad. Una vez confirmado, valoramos qué tipo de ayuda y durante cuánto tiempo es lo más conveniente para esa familia específica.
Al mismo tiempo, nos ponemos en contacto con otra entidad amiga, RedMadre. Cotejamos los datos para asegurar que no se dupliquen las ayudas y que los recursos lleguen a más personas. Una vez superado este paso, recibimos a la familia en el COF y firmamos lo que llamamos un Documento de Relación de Confianza, con el que nos comprometemos a ofrecerles ayuda durante los dos primeros años de vida de su hijo, garantizando unos 100 pañales al mes, además de otros productos de higiene que recibamos por donaciones. A cambio, la familia se compromete a comunicar si su situación económica mejora y, a participar en un acompañamiento formativo.
Para ello, asignamos a un voluntario que hace el seguimiento durante esos dos años, ya sea visitándoles en sus casas para entregar los pañales o recibiéndoles aquí en el centro una vez al mes para fortalecer ese vínculo.
P: Aparte de los voluntarios, este trabajo no sería posible sin un equipo que lo respalde. ¿Quiénes lo hacen posible?
R: Fundamentalmente los voluntarios, a quienes estamos profundamente agradecidos; sin ellos este servicio sería imposible. En estos 18 años han pasado más de 50 personas por aquí y actualmente contamos con unos diez. Quiero aprovechar para dar las gracias a María Gutiérrez, responsable de Ayuda a la Vida; a María Ángeles Bravo, encargada de la "Operación Pañal", y a Lourdes Sánchez, que acoge a las familias.
P: Y este trabajo diario, ¿se coordina con otras entidades, como las propias parroquias o Cáritas, para ofrecer una respuesta más integral?
R: Muchas veces son los propios párrocos quienes detectan a una familia en necesidad y nos piden el material para mantener ellos la relación directa con los padres. Nosotros les facilitamos los pañales o la leche necesaria. Trabajamos con parroquias, Cáritas y colegios. Hay que entender que la Operación Pañal es una colaboración estrechísima con las parroquias, los centros educativos, cofradías e incluso entidades civiles que, durante la época de Navidad, han organizado la campaña en la que recaudamos pañales para todo el año. Gracias a esta recaudación podemos sostener la entrega de pañales, que son más de 50.000 al año.
P: Para terminar, ¿qué palabras de aliento le daría a una mujer que en este momento esté considerando la interrupción de su embarazo?
R: Lo primero es entender que, si una mujer se plantea algo así, es porque se siente en una situación de extrema vulnerabilidad; siente que ese hijo por nacer es una dificultad en su vida. Entonces, le diría, ante todo, que no está sola. Le recordaría que ya es madre, porque ese hijo que crece en su interior ya es su hijo y que desde ese momento, ya será madre para toda la eternidad. Nosotros estamos a su lado para acompañarla y abrazar con alegría la vida de este hijo. No la vamos a soltar de la mano.