Delegación de Religiosidad Popular

Guillermo Camino, delegado de Religiosidad Popular: “La religiosidad popular llega donde nosotros, por otros medios, no llegamos"

27 de marzo de 2026


Bajo el umbral del silencio y la devoción nos adentramos en el misterio de la Pasión. En unas horas, el olor del incienso invadirá las calles y las cofradías convertirán a la ciudad en un templo abierto en el que la fe impregna cada rincón.

La Semana Santa no es solo un museo que sale a la calle; es una manifestación viva cuyo corazón se encuentra en los Oficios Litúrgicos. El delegado de Religiosidad Popular de la Archidiócesis de Valladolid, Guillermo Camino, ahonda en esta entrevista con IEV en el valor evangelizador de las procesiones, en las que “la estética debe estar siempre al servicio del mensaje, no al revés”, como una prolongación de la Eucaristía.

Pregunta: Ya está todo dispuesto para vivir con recogimiento y devoción la Semana Santa 2026. ¿Qué valor evangelizador tiene precisamente el hecho de sacar las imágenes a la calle en una sociedad que a veces parece haber olvidado lo sagrado?

Respuesta: La expresión “sacar las imágenes” es muy apropiada, ya que señala la existencia de dos espacios: dentro y fuera. Dos ámbitos llamados a reconciliarse, algo más necesario que nunca. Toda expresión pública de fe tiene el reto de decirle a nuestra gente que Dios sigue saliendo a su encuentro. De ahí que todo micrófono ofrecido en estos días pueda ser una oportunidad para llegar a las personas. En medio de una sociedad que a veces vive como si lo sagrado no existiera, tal y como nos hizo reflexionar Chema Nieto, el pregonero de nuestra Semana Santa, nuestra presencia en la vida pública conlleva la responsabilidad de vincular a las personas que participan en esta liturgia.

P: Las procesiones actúan como una herramienta de enseñanza. Son el Evangelio en la calle. ¿Cómo debe acompañar la estética visual de los pasos para no nublar el mensaje que representan?

R: La religiosidad popular es una de las manifestaciones de una “Iglesia en salida” que mejor expresa la dimensión del Primer Anuncio. Evangelizar hoy también es eso. Proponer sin imponer, emocionar, sembrar preguntas y confiar en que el Señor hace el resto. En Semana Santa, la belleza nunca es un fin en sí misma, sino un medio. La estética debe estar siempre al servicio del mensaje, no al revés. Cuando un paso está bien cuidado y hay armonía, ayuda a que el Evangelio se entienda mejor, incluso sin palabras. El arte procesional siempre ha conllevado una dimensión de amplificación litúrgica a través de la belleza y el cuidado. En Valladolid tenemos una gran responsabilidad porque nuestro patrimonio a nivel artístico es extraordinario, pero debemos evitar caer en lo puramente espectacular. La belleza auténtica no distrae, sino que conduce a lo esencial, al misterio que representa. El criterio es muy claro. Todo aquello que ayude al recogimiento, a la oración y a la contemplación está en el buen camino.

P: Música y silencio conviven estos días. En medio de este contraste, ¿cómo los cofrades y el pueblo fiel pueden encontrar a Dios?

R: Creo que precisamente en ese contraste reside una de las grandes riquezas de la Semana Santa. La música y el silencio no son opuestos; se complementan. La música eleva, emociona y nos ayuda a expresar lo que llevamos dentro. Al escuchar a las bandas, nos sentimos especialmente emocionados, pero, al mismo tiempo, el silencio nos permite escuchar, acoger y dejarnos interpelar. Seguro que todos tenemos una marcha procesional que sentimos más cercana a nuestro gusto, pero también porque sabemos que ha conmovido nuestra mirada hacia la imagen que procesionamos. En medio de ambos —el sonido y el silencio—, cualquier persona puede encontrarse con Dios si vive ese momento con un corazón abierto. A veces será una marcha la que despierte algo por dentro; otras veces será el silencio o los sones tan diversos de nuestra Pasión los que provoquen que el corazón se sienta movido por la Palabra. Al final, no se trata tanto de las teorías, sino de la disposición interior. Cuando uno se deja tocar, tanto la música como el silencio se convierten en verdaderos caminos para el encuentro con Dios.

P: La calle se convierte durante estos días en el gran punto de encuentro. ¿Es la Semana Santa una de las vías para acercar la fe a quienes habitualmente no entran en un templo?

R: Sin duda. La Semana Santa es hoy una de las grandes puertas de entrada para muchísimas personas. La calle se convierte en un espacio de encuentro donde nadie se siente extraño, donde todos pueden acercarse, mirar, detenerse e incluso, sin tener una práctica religiosa habitual.

La religiosidad popular tiene esta fuerza. Llega donde a veces nosotros por otros medios no llegamos. No impone, sino que propone e invita. En ese ambiente, muchas personas que quizá están alejadas descubren que algo les toca por dentro a través de la belleza, del silencio o de la emoción compartida. Por eso es tan importante la forma en que vivimos estos días. No se trata solo de organizar bien las procesiones, sino de que como cofrades y como Iglesia sepamos acoger, acompañar y dar testimonio.

Hay muchas personas que no cruzan la puerta de una iglesia, pero sí se detienen ante un Cristo, una Virgen en silencio, y ahí ocurre algo. No siempre sabemos qué, pero sabemos que toca el corazón.

P: Aunque las procesiones son lo más atractivo de estos días, no hay que olvidar que el verdadero corazón de la Semana Santa son los Oficios Litúrgicos

R: La clave está en entender que no son dos cosas separadas, sino profundamente unidas. Lo que celebramos en la liturgia, dentro del templo, es el corazón; ahí es donde la Iglesia vive y actualiza el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Lo que vemos después en la calle, a través de los pasos, es como una prolongación visible de ese mismo misterio. Las imágenes no representan algo ajeno, sino que nos ayudan a contemplar con los ojos y con el corazón aquello que la liturgia nos hace vivir de forma sacramental. Por eso es tan importante no perder esa conexión. La procesión sin la liturgia se quedaría incompleta, pero la liturgia encuentra en la calle una forma de expandirse y de llegar a más gente.

P: Hablando ya de la inminente Semana de Pasión 2026, este año llega con importantes novedades. ¿Cree que estos cambios mejorarán la esencia de la Semana Santa vallisoletana?

R: Podemos dividir las novedades en dos ámbitos: por un lado, las mejoras estructurales y de recursos y, por otro, las procesionales. Entre ellas recordaría la ampliación de las gradas de la Plaza Mayor, el aumento de financiación por la vía de los patrocinadores, la digitalización de las imágenes y su disponibilidad a través de la web (de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid) y de los recursos expositivos del Ayuntamiento. Otras mejoras tienen que ver con el ámbito de la accesibilidad. Se ha hecho un esfuerzo especial para eliminar barreras a personas con cualquier tipo de discapacidad.

En cuanto a lo que veremos en la calle, hay dos novedades de gran calado. La primera es la incorporación de la nueva procesión de Jesús del Prendimiento en la tarde del Domingo de Ramos (trasladada del Jueves Santo con nuevo nombre y nuevo formato). Recorrerá el entorno histórico de San Nicolás, Santa Isabel, Vera Cruz y San Miguel. Fruto de un esfuerzo organizativo enorme por parte de los jóvenes de la Cofradía Penitencial de la Oración del Huerto y San Pascual Bailón, para hacer posible esta procesión a costal, que siempre tiene un valor añadido como forma penitencial e interacción escénica con los asistentes.

La segunda novedad es el nuevo formato del Rosario del Dolor del Lunes Santo. Una gran apuesta por hacer de esta manifestación orante una gran asamblea que ora unida. Se realizará de modo estable en la plaza, donde se colocarán los seis pasos (que llegarán desde sus respectivas cofradías) en la acera del Ayuntamiento. Los asistentes podrán ocupar libremente las gradas para seguir el Rosario, que estará presidido por nuestro Arzobispo, don Luis Argüello.

El rezo estará amenizado por la interpretación coral de himnos y antífonas interpretadas por coros de la ciudad. Además, desde las 19:45 h, mientras llegan las cofradías, habrá una ambientación pastoral con reflexiones y música.

P: Siempre nos centramos en la capital, pero no debemos olvidar la Semana Santa en el mundo rural. Son muchos los pueblos de nuestra Archidiócesis que celebran sus procesiones, como por ejemplo Peñafiel, Medina del Campo, Medina de Rioseco, también Nava del Rey o Tordesillas, donde el pasado 21 de marzo usted fue el encargado de pregonar su Semana de Pasión. ¿Se vive de forma diferente en los pueblos que en la ciudad?

R: Evidentemente, la Semana Santa en la provincia de Valladolid es un fenómeno amplio, complejo y diverso. Tanto es así que el interés por dar a conocer la Semana Santa no es solo lo que capitaliza la ciudad, sino que, este año, en encuentros como los de Oporto o Roma, tanto la Diputación como el Ayuntamiento y las juntas locales han presentado las manifestaciones que les son más propias.

Diríamos que la Semana Santa tiene su estilo, pero también, en cada lugar, se vive con matices. Nos mueve un sentir común y esto es lo importante. La Semana Santa en nuestra Archidiócesis tiene algunos elementos culturales que son un signo distintivo en el panorama nacional. En nuestros pueblos la Semana de Pasión quizá tiene un carácter más cercano y familiar. En los municipios más pequeños, todo el mundo se implica de manera directa.

La capital cuenta con recursos y medios que aportan un valor añadido al patrimonio, pero existe una complementariedad necesaria. Nuestras Semanas Santas de Interés Turístico Internacional, Nacional o Regional atraen a numerosos fieles y turistas con una oferta de acogida y servicios muy diversa. No son realidades opuestas. Lo que queremos es que quienes vengan a Valladolid puedan participar de ambos ámbitos, el rural y el urbano.

P: La procesión es la prolongación de la Eucaristía en la calle, ¿qué mensaje le daría al cofrade y al fiel para que ese encuentro con la imagen se transforme en un compromiso real con la Iglesia durante todo el año?

R: Yo les diría que lo que vivimos en la calle no puede quedarse solo en un momento bonito o emocionante. Si la procesión es de verdad una prolongación de la Eucaristía, nunca mejor dicho, "la procesión va por dentro". Así sentiremos que hay que dar un paso más, hay que vivir lo que hemos contemplado. El encuentro con Cristo en la imagen nos invita a reconocerlo después en lo cotidiano, en la vida de cada día y en los hermanos, especialmente en aquellos que más lo necesitan. Es ahí donde se verifica todo lo que hemos vivido. La cofradía no termina cuando se guarda el paso, sino que continúa durante todo el año en forma de fe, compromiso y caridad.