Archidiócesis de Valladolid
Jorge Mora, protagonista de ‘Original, el paso de Carlo’: “Este musical toca lo más íntimo del corazón de la persona”
24 de marzo de 2026
En esta vida hay personas que dejan una huella imborrable en el corazón de otros. Este es el caso de Carlo Acutis, quien a los siete años sintió una devoción profunda por la Eucaristía. La historia de este joven, ahora santo, que unió su pasión por la informática con una fe inquebrantable, llega hasta nosotros en formato musical con la obra ‘Original, el paso de Carlo’.
Esta ambiciosa producción con más de 100 artistas en escena recalará en la Casa de Música y el Teatro de Arroyo de la Encomienda el próximo 11 de abril, con dos sesiones a las 17:00 y 20:30 h. Las entradas ya están a la venta online a un precio de 10 euros para menores de 12 años y de 15 euros para público general. En este marco, el Arzobispado de Valladolid, en colaboración con el Ayuntamiento de Arroyo de la Encomienda, invita a los espectadores del musical a disfrutar de una interesante propuesta: ‘Arroyo en familia’.
Jorge Mora, seminarista de la diócesis de Cuenca —sin ser un profesional de la representación—, ha asumido el reto de encarnar al ‘santo millenial’ con el que ha logrado conectar a través de “la Eucaristía”. En esta entrevista con IEV, descubre cómo ha encontrado en la oración la mejor técnica para captar la esencia de un corazón que sigue latiendo con fuerza.
Pregunta: Interpretas a alguien que falleció hace apenas 20 años y cuyo recuerdo está muy vivo. ¿Qué se siente al dar vida a una persona real tan cercana en el tiempo y qué es lo que te ha removido por dentro?
Respuesta: Pues lo que se siente es ilusión. Carlo es una figura tan cercana y yo, como muchos fieles, siento que está más vivo que nunca. Esto de que el amor permanece siempre se encarna siempre en los santos, y vemos cómo el mensaje de Carlo perdura y cada vez se intensifica más. Para mí es un honor y una alegría inmensa cada vez que lo represento, porque encarna virtudes que cualquier cristiano de hoy querría tener: un valor de la castidad, una pasión por la Eucaristía, por el apostolado... una valentía casi descarada por pronunciar el nombre de Cristo ante una sociedad que parece que lo rechaza.
P: Todo actor busca una conexión con el papel que va a interpretar. ¿Cómo ha sido tu proceso de preparación para captar su esencia sin caer en la imitación?
R: He de reconocer que en mi vida he hecho teatro ni soy profesional, pero lo que sí que he hecho mucho es rezar. A Carlo, más que interpretarlo, hay que vivirlo y reactualizarlo. Es lo que he intentado hacer. ¿Qué es lo que Dios quiere que sea? Pues Dios quiere que sea original. Original significa que Dios tiene pensado un plan para mí, para hacerme feliz, dentro de mis virtudes, de las fortalezas que me ha dado el Señor, y potenciarlas. Además, Carlo tiene un temperamento parecido al mío, muy activo, alegre y muy divertido, aunque creo que mi conexión con el santo ha venido de la Eucaristía. Desde el principio he procurado no crear un papel, sino transformar toda mi vida. No podía cantar sobre amar con el cuerpo y no tomarme en serio la castidad, ni cantar que la Eucaristía es mi "autopista al cielo" sin tener una verdadera pasión por ella en mi vocación. No ha sido solo llevarlo al escenario, sino llevarlo hasta el fondo de mi corazón. Y la verdad es que ha sido una experiencia configuradora con el santo.
P: Has logrado esa conexión personal, pero, ¿cómo se la haces llegar al público?
R: El escenario yo lo siento como un altar. Un altar donde Dios toma mi voz, mi cuerpo y mi sonrisa, que no son míos, sino un regalo suyo. Creo que Dios se sirve de nuestra pobreza para hacer cosas muy grandes. Entonces, pienso que, al final, el público logra emocionarse de verdad y meterse en la historia, porque no ve a un actor, sino a una persona que intenta vivir lo que se está representando. Ese es el misterio de este musical: se vive de corazón y por eso el espectador lo vive de la misma manera.
P: ¿Y cómo surge la idea de mostrar la vida de este "santo milennial" al público?
R: José Antonio Fernández, el rector del seminario de Cuenca, estaba haciendo una novena al entonces beato Carlo Acutis. Y un día, mirando al Sagrario, se cruzó conmigo y sintió una inspiración. Al salir me dijo: "Jorge, si te atreves, vamos a hacer un musical sobre la vida de Carlo Acutis y tú vas a ser el protagonista". Yo le dije que, si era para el Señor, adelante. Y bendito el día, porque la que hemos liado es para bien; está haciendo mucho bien a quien lo ve y, en primer lugar, a nosotros mismos.
P: Una vez sentados en sus butacas, ¿qué ofrece este musical al público? ¿Con qué se encuentran?
R: Con un elenco de más de 100 personas. Hay profesionales voluntarios de la diócesis y jóvenes comprometidos que se han adentrado en esta aventura. Es un espectáculo musical, pero va más allá. Este musical toca lo más íntimo del corazón de la persona, con temas trascendentales como la muerte, la enfermedad, el dolor, el pecado, la gracia, la resurrección, el amor de las madres o la pasión por la Eucaristía.
Más que un espectáculo, que se lo van a encontrar seguro, espero que hallen el corazón de Jesús que les espera y que late con fuerza por ellos. En definitiva, espero que se encuentren con Cristo, que es el que remueve los corazones y el único capaz de sanarlos.
P: Si tuvieras que elegir un momento o una canción del musical, ¿con cuál te quedarías?
R: Es difícil porque hay muchas canciones que me tocan, pero hay una que se lleva "la palma". Hay un momento en el musical en que se ve el sufrimiento y casi se puede tocar. Todos conocemos la historia de Carlo y cómo la leucemia apaga su vida con solo 15 años. Ese instante logra encoger el corazón, no solo del espectador, sino también el nuestro como actores; estamos con el corazón en vilo.
Lo que viene después es con lo que me quedaría, con un canto de esperanza, de alegría y de reencuentro. Es un canto de liberación que nos habla directamente de la vida, nos dice que, a pesar del sufrimiento y de la cruz, no debemos huir, sino afrontar y aceptar con amor.
P: Carlo es un referente para muchos jóvenes, ¿de qué manera crees que conecta su historia con la realidad que viven hoy en día?
R: Carlo es alguien tan cercano que es imposible no sentirse identificado. Lo resumiría con una de sus frases: “Todos nacen originales, pero muchos mueren como fotocopias”. En un mundo donde todos intentamos escapar de nuestra realidad a través de las pantallas, los excesos o las adicciones, Carlo nos da un golpe de realidad y nos dice: "No seas una fotocopia, no seas como todo el mundo; sé tú mismo". Y siendo yo mismo es donde voy a encontrar mi propia identidad, entregándome a los demás, no encerrándome en mí mismo. Lo que realmente vale una vida es lo que estás dispuesto a dar. Carlo conecta con los jóvenes porque demuestra que merece la pena entregar la vida a Dios, ya sea en el matrimonio o en el sacerdocio, porque Él es quien tiene un plan para nosotros para hacernos felices.
P: ¿Qué huella te gustaría que dejara Carlo en el público al terminar la función?
R: Sin duda, el deseo de amar más la Eucaristía. El musical tiene una carga eucarística tremenda. Hoy en día, nos falta pasión por la Eucaristía, que es donde se nos revela nuestra verdadera identidad, lo que estamos llamados a ser, ser hijos de Dios.