Carmelitas de la Caridad de Vedruna
Las Carmelitas de la Caridad Vedruna celebran su bicentenario con el impulso de proyectar el futuro con valentía
28 de febrero de 2026
Dos siglos de historia, carisma y entrega. En este 2026, las Carmelitas de la Caridad Vedruna bajo el lema que define su esencia: ‘Amor y más amor que nunca dice basta’, conmemoran el Bicentenario de su Congregación. “Es un momento de júbilo por los 200 años de vida del carisma Vedruna”, afirma Goyita Álvarez, superiora de la comunidad Jesús y María. A día de hoy, la congregación mantiene intacto el deseo de su fundadora, Santa Joaquina Vedruna, de “trabajar por la gloria de Dios y el bien del prójimo”, a través de “servir, formar, amar, cuidar y contribuir a la construcción de un mundo más humano”.
La apertura de estas celebraciones tuvo lugar el pasado jueves con una Eucaristía solemne en la Catedral de Valladolid, presidida por el Arzobispo, don Luis Argüello, marcando el inicio de un año dedicado a hacer memoria agradecida y a proyectar el carisma hacia el futuro.
Durante la ceremonia, que reunió a hermanas, profesores, familias y alumnos de los colegios Ave María y Jesús y María, Monseñor Argüello agradeció la presencia de las religiosas en la Archidiócesis “a lo largo de tantos años”. En su homilía, el prelado vallisoletano ahondó en el impacto de la transformación digital, planteando a los presentes una cuestión: “¿Puede algo ocurrido hace doscientos años ser relevante en el hoy del tiempo?”. Frente al avance de “la inteligencia artificial”, su respuesta fue un rotundo “sí”, basado en que Santa Joaquina Vedruna “sitúa en una corriente que va más allá de los doscientos años”.
Asimismo, el Arzobispo de Valladolid señaló que, en un momento donde la sociedad goza de un estado del bienestar inexistente en los orígenes de la congregación, “cuando Santa Joaquina de Vedruna pone en marcha esta experiencia educativa, no existía, por no existir, ni siquiera una ley de educación”; el desafío educativo actual se ha convertido en una “emergencia educativa”. “Es un desafío educativo nuevo”, insistió, en un momento actual en el que la presencia de las consagradas es menor; de ahí, su llamamiento a los profesores a vivir “la experiencia educativa, según el carisma de Vedruna, como vocación”.
Finalmente, Monseñor Argüello instó a los presentes a mantener la actitud activa de la fundadora, animando a la familia Vedruna a seguir colaborando desde la iniciativa social en la plaza pública. En definitiva, “vivir aquello que Joaquina Vedruna quiso vivir, la caridad, el amor en el centro de nuestra existencia, este amor que llena de alegría, que nos hace humildes, cuidadosos de todo lo que nos rodea y que nos haga poder decir, el amor nunca dice basta, para que estemos dispuestos al servicio, al perdón, a la dedicación de la vida por hacer posible la educación de los pequeños, el cuidado de los frágiles, la solicitud por los mayores y aquellos que padecen más las complicaciones de nuestra existencia”, concluyó.
Presencia de las Carmelitas de la Caridad Vedruna en Valladolid
Fundada el 26 de febrero de 1826 en Vic (Barcelona), esta congregación —pionera en España como comunidad religiosa femenina de enseñanza "no de clausura"— se estableció en Valladolid en 1867. Su expansión fue inmediata; apenas diez años después, ya gestionaban “tres colegios en la ciudad” con cerca de mil alumnas, dando así respuesta a las necesidades sociales de la época.
Por encargo del arzobispo, asumen la dirección del centro de huérfanos pobres conocido como el del Dulce Nombre de María (situado en la calle San Ildefonso) y, por petición del Ayuntamiento, del colegio público de Nuestra Señora de la O (en la calle Mantería). Sin embargo, el primero de ellos fue el centro Jesús y María, conocido popularmente como “Carmelitas del Museo”. Tras unos inicios complejos y un peregrinaje por diversas sedes, las cinco hermanas que se hicieron cargo del centro, situado en un principio en el barrio de San Andrés, se instalan definitivamente en 1883 en la Casa Palacio de los Victoria, ubicación que mantiene actualmente. “Fue el comienzo de una fecunda tarea educadora que dura hasta nuestros días”, recuerda la superiora.
Realidad actual de la congregación en la Archidiócesis
Hoy, la presencia Vedruna en Valladolid se traduce en 70 hermanas repartidas en seis comunidades. Mantienen dos centros educativos de referencia: el Colegio Jesús y María y el Colegio Ave María; en este último alberga dos comunidades, “una de ellas es casa enfermería para hermanas mayores”. También se encuentran en los barrios de La Rondilla y Pajarillos, así como en la zona rural de La Cistérniga. Sumando, además, el Centro Vedruna, un espacio de espiritualidad y formación.
“El trabajo se ha diversificado. Los colegios hoy, debido a la disminución de hermanas, están agrupados en dos fundaciones”. Por ello, “participamos en la labor pastoral en los pueblos enviadas por el arzobispo; en Cáritas, en educación de adultos y allí donde los más vulnerables nos necesiten”, apunta Álvarez.
Afrontar el futuro con valentía
El Bicentenario no se plantea solo como una mirada al pasado. Con más de 7.900 hermanas a lo largo de su historia y miles de seglares implicados, el reto ahora es la adaptación. “No podemos quedarnos ahí porque sería perder una oportunidad para hacer balance y traer al presente lo importante, conectar con el tiempo que vivimos y buscar las respuestas que el momento actual nos está pidiendo”.
De hecho, esta onomástica con la que se quiere agradecer el pasado, vivir el presente y construir el futuro con esperanza, “nos impulsa a seguir soñando, a ser valientes para introducir cambios” y así, subraya la superiora, “proyectarse hacia un futuro”. Insistiendo en que, “si la realidad cambia, las estructuras han de cambiar para favorecer la fluidez en la misión, con una organización nueva tanto de comunidades como de equipos de misión”.
En definitiva, este 2026 es para las Carmelitas de la Caridad Vedruna una oportunidad para “nacer de nuevo”. Es el momento de seguir hacia adelante bajo el estandarte de aquellas palabras que en su día pronunció su fundadora, Santa Joaquina Vedruna, y que hoy cobran más sentido que nunca: “Todo por amor, nada por fuerza”.