En esta jornada que se celebra anualmente el primer domingo de julio, la Iglesia se una a la campaña a favor de la responsabilidad en el tráfico, queriendo colaborar con las personas y organismos que se esfuerzan por mejorar la convivencia en las rutas, recordar a las víctimas de los accidentes, así como a sus familiares y a quienes los atienden, destacar la esforzada e importante labor de los profesionales de la carretera, y llamar a la reflexión por parte de todos sobre los problemas del tráfico y nuestra propia responsabilidad para evitar riesgos.