Conferencia Episcopal Española
Secretaría General
    Discurso
129ª Asamblea Plenaria de la CEE
Discurso Inaugural (Mons. Luis J. Argüello García)
20 de abril de 2026


Bienvenida y felicitaciones

– Cardenales, arzobispos, obispos y administradores diocesanos. Saludo muy especialmente al señor nuncio apostólico de Su Santidad en España, S. E. Mons. D. Piero Pioppo, arzobispo titular de Torcello. ¡Alegre y Santa Pascua!

Este es el día en el que actuó el Señor, queridos presbíteros, laicos y consagrados, medios de comunicación social, vicesecretarios, directores y trabajadores de esta casa. Bienvenidos y gracias por vuestra presencia.

Felicitamos a S. E. Mons. D. Ramón Darío Valdivia Jiménez, nombrado Administrador apostólico de Cádiz y Ceuta el 22 de noviembre de 2025.

Encomendamos a la misericordia de Dios el alma de nuestro hermano:

– S. E. Mons. D. Francisco Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos, fallecido el día 27 de noviembre de 2025.

– S. E. Mons. D. Bernardo Álvarez, obispo emérito de la diócesis de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), fallecido el día 25 de noviembre de 2025.

Los señores obispos a los que se les ha aceptado en estos últimos meses la renuncia al gobierno pastoral:

– Excmo. y Rvdmo. Mons. D. Rafael Zornoza Boy, Obispo emérito de Cádiz y Ceuta, el 22 de noviembre de 2025.

1. Es la Pascua. ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

En la Asamblea Plenaria de primavera del año pasado nos reuníamos durante la cuarta semana de Cuaresma. Este año nos encontramos ya en la Pascua, en esta extraordinaria cincuentena en la que acogemos el Misterio pascual en toda su anchura. La Asamblea ha tomado forma en la celebración de la eucaristía, hemos recibido el alimento que perdura hasta la vida eterna y nos disponemos a dialogar, orar, discernir y convivir bajo el rostro del Cristo Pascual. Es el lugar privilegiado para la oración y la vida cristiana: orar bajo la mirada del Cristo Pascual, donde aparecen las entrañas del Padre, en la mesa de la fracción del Pan. Esto acontece aunque uno ore escondido en su habitación, en los caminos de la visita pastoral o en esta aula situada encima de la capilla de la Sucesión apostólica, que vuelve a ser parábola del Cenáculo. Esta es nuestra composición de tiempo y lugar: Pascua, Cenáculo y Camino apostólico bajo el rostro de Cristo Pascual, crucificado y resucitado. Así podemos saber y afirmar que nuestra Asamblea, con sus trabajos, está unida a la mesa de la eucaristía donde el Cristo Pascual preside. Os invito a orar en nuestro interior: ¡Ven Espíritu divino, enciende en nuestros ojos tu luz, derrama tu agua en nuestro corazón, pon tus palabras en nuestros labios! «Veni Creator, infirma nostri corporis, virtute firmans perpeti». Fortalece nuestros cuerpos de apóstoles, cansados y frágiles, ¡fortalécelos con tu fuerza!

¡Alzad la mirada! Mirad a Jesucristo. ¡Miradle! Dice Teresa de Jesús: «Yo lo que os digo es que penséis en él, solo os pido que le miréis». Dice en Camino de perfección, 42 que cuando se mira a Jesús y encuentra uno sus ojos que me miran, se siente mirado, se siente amado. Más todavía, dice Teresa de Jesús, sienta uno como si lo que pasa por mi corazón, tristeza o gozo, se reflejara en sus ojos, en los ojos de Él, que sienten conmigo mi tristeza o mi gozo. Miro a Jesús y me encuentro reflejado en sus ojos, que me miran, pero ojos que reflejan todo el latido vivo de mi alma, de mi existencia. Digamos con el salmista: «Oigo en mi corazón: “Buscad mi rostro”. Tu rostro buscaré, Señor. No me escondas tu rostro» (Sal 2726,8-9).

Los doce y los setenta y dos escucharon antes de la Pascua: «¡Poneos en camino!» (Lc 10,3). Nosotros acogemos este mandato del Resucitado, a quien reconocemos al partir el pan (cf. Lc 24,35). A la luz de la resurrección es posible comprender que era necesario que el Mesías padeciera para entrar en su gloria (cf. Lc 24,27). Y experimentar cómo el corazón arde cada vez que escucha sus palabras mientras se hace camino (cf. Lc 24,32), o cada vez que somos invitados a sentarnos con Él en la mesa de la Pascua desde la que somos enviados para dar testimonio de todas estas cosas (cf. Lc 24,35).

«Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos» (Lc 24,15). El Sínodo sobre la Sinodalidad y el Año Jubilar «Peregrinos de esperanza» nos han ayudado a reconocernos pueblo de Dios en camino. Es el propio Jesús quien lanza al camino misionero y envía como pueblo «de dos en dos» (Lc 10,1): «¡Poneos en camino!» (Lc 10,3). Este mandato imperativo de Jesús sería insoportable si no experimentásemos su cercanía y su misericordia, más aún, si Él no viniera a caminar con nosotros: «Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos» (Lc 24,15). En el camino, se profundiza la experiencia del encuentro y se acrecienta el deseo de anunciar el Evangelio. La experiencia pascual es una experiencia de un encuentro con el Señor, en el cual se da un envío, una misión, y en esa misión misma se da un aliento para la misión. Encuentro, misión, aliento son los tres momentos de esta experiencia que a lo largo de estos días vamos a suplicar al Señor que nos conceda.

Las Líneas pastorales de la CEE para el cuatrienio 2026-2030 —«¡Poneos en camino!»— encuentran en estos textos del Evangelio de Lucas su iluminación motivadora. Profundizar a través de la lectio divina en las cuatro etapas del camino hacia Jerusalén que señala Lucas (9,51–10,37; 10,38–13,21; 13,22–14,24; 14,25–19,28), o bien en el relato de los discípulos de Emaús (24,13-35), será́ de gran ayuda para ponernos en camino con los ojos y los oídos bien abiertos, dispuestos a reconocer y acoger el paso del Señor. León XIV, en la homilía de la Misa crismal del pasado Jueves Santo nos dice:

En la hora de la Pascua, de hecho, queda definitivamente claro que Dios consagra para enviar. Él «me envió» (Lc 4,18), dice Jesús, describiendo ese movimiento que une su Cuerpo a los pobres, a los prisioneros, a quienes caminan a tientas en la oscuridad y a quienes se encuentran oprimidos. Y nosotros, miembros de su Cuerpo, llamamos «apostólica» a una Iglesia enviada, no estática, impulsada más allá de sí misma, consagrada a Dios en el servicio a sus criaturas: «Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» (Jn 20,21).

La misión apostólica, añadió el Papa, tiene tres secretos: el «desprendimiento», la «ley del encuentro» y la dramática «posibilidad de la incomprensión y del rechazo».

¡Alcemos la mirada! Queridos hermanos para descubrirnos bajo la mirada del Cristo pascual. Alcemos la mirada para estar juntos y para caminar juntos.

Bajo esta mirada que nos llena de esperanza, recordamos al papa Francisco cuando va a cumplirse mañana el primer aniversario de su fallecimiento y oramos por su descanso eterno.

2. Visita del papa León XIV

Comenzamos nuestra Plenaria del pasado noviembre un día más tarde a causa de la audiencia privada que el Santo Padre concedió a la Comisión Ejecutiva. Ya referimos, entonces, que había esperanzas fundadas de un posible viaje de León XIV a España. El 9 de enero, fuimos convocados a Secretaría de Estado para comenzar a preparar lo que ya parecía ser una probabilidad casi cierta a la espera de confirmación por parte de la Santa Sede. El 25 de febrero, la Santa Sede hizo público el viaje apostólico a España entre el 6 y el 12 de junio. Desde enero ya parecía claro que las diócesis españolas que visitaría el papa iban a ser Madrid, Barcelona, Canarias y San Cristóbal de la Laguna. Han sido decenas de lugares y comunidades de España quienes se han ofrecido para acoger al Papa. Es un motivo de agradecimiento a todos. León XIV, visitando a algunos, nos visita a todos. El encuentro que celebrará en esta misma casa con todos nosotros expresará, sin duda, esta comunión de la Iglesia de España con el sucesor de Pedro.

La visita del papa León XIV a España en sí misma es un regalo que, además, está lleno de ricas oportunidades. Recibiremos al sucesor de Pedro en la persona de Robert Francis Prevost, un americano del Norte y del Sur; un matemático enriquecido con la Filosofía, la Teología y el Derecho Canónico, y con el corazón apasionado por san Agustín; religioso y obispo, misionero y administrador de la comunión. Una personalidad para el encuentro y la reconciliación entre tantas realidades sometidas hoy a dialécticas de contrarios. Vendrá a visitarnos el Pastor universal, Obispo de Roma, para ayudarnos a comprender y vivir la experiencia de la íntima relación entre las Iglesias particulares y la Iglesia toda. El Papa nos confirma en la fe para hacernos caer en la cuenta de que, en cada una de las Iglesias particulares, acontece la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Cada una de ellas está presidida por un sucesor de los apóstoles, unido colegial y sacramentalmente a Pedro, que pastorea su respectiva Iglesia local; cum Petro et sub Petro. Es una gran alegría poder vivir este coloquio que ayuda al Obispo de Roma a conocer la realidad de la Iglesia universal que pastorea y que se encarna en cada una de las Iglesias particulares. Es también una oportunidad para que las Iglesias particulares puedan experimentar de nuevo que la razón de ser de su propia existencia, como Cuerpo y Esposa de Cristo, es la comunión visible y real con Pedro y, a través de su ministerio y del Colegio de los Doce, con todas las Iglesias.

La visita de León XIV a España también ayuda a caer en la cuenta de que las Iglesias particulares en un territorio concreto viven una especial llamada a la comunión, a través de las provincias eclesiásticas y la Conferencia Episcopal, para el discernimiento y el servicio compartido, ante los desafíos comunes en la evangelización de una sociedad que tiene circunstancias culturales, económicas y políticas similares y que se dota, además, de una organización. La visita apostólica constituye en sí misma una llamada a la comunión y, al mismo tiempo, un recordatorio del envío misionero, aquel que el día de la Ascensión de Jesucristo a los cielos reciben Pedro y los demás apóstoles: ¡Id y haced discípulos! ¡Poneos en camino!, decimos en nuestras Orientaciones. El Papa, que nos preside en la caridad, nos recordará en una gran Statio Ecclesiae, este imperativo constitutivo de la Iglesia misma desde su origen pascual, antes de extenderse y aterrizar en las diversas partes del mundo, edificando así las Iglesias particulares que celebran la eucaristía; conmemorando el acontecimiento pascual, fuente de la alegría, y el envío misionero. La Iglesia en España precisa de este coloquio de encuentro y comunión para impulsar la nueva hora de la evangelización de nuestro pueblo. La presencia del Papa en España y su encuentro con instituciones diversas de la sociedad española, en Madrid, Barcelona, Las Palmas y Tenerife será también una oportunidad para un nuevo diálogo entre Iglesia y sociedad que ensanche la mirada respecto a nuestros problemas locales y los abra a la universalidad.

Las sedes que el Papa va a visitar en su viaje apostólico son especialmente significativas. La etapa de las Islas Canarias, en sus dos diócesis, hace visible el deseo manifestado por el papa Francisco de visitar este lugar que hace visible un sufrimiento injusto y poner en la mesa de la Iglesia y de la sociedad la cuestión migratoria. La visita a Madrid posibilita el encuentro con las autoridades civiles y con la Conferencia Episcopal, en donde se reúnen las Iglesias en España. Pero es también la visita a una diócesis, la de Madrid, la que expresa el desafío tan grande que supone hoy la evangelización de las grandes ciudades en las que se encuentran cada día miles de trabajadores de diócesis vecinas que van y vienen. El encuentro en Barcelona, además de su consideración como gran metrópoli catalana, tiene la significación especial de Gaudí y de la Sagrada Familia. Por un lado, la figura de Antonio Gaudí y de su centenario expresa la importancia de promover la vocación a la santidad, una santidad que él vive, ejercita y va adquiriendo en la realización de su trabajo. Por otro lado, nos señala la importancia de tener proyectos a largo plazo. Esta edificación de la Sagrada Familia arranca en el siglo XIX y llega al siglo XXI. Además, la torre que se va a bendecir invita a alzar la mirada y, mirando a lo alto, descubrir a Jesucristo, alguien que ha venido, que ha bajado y se ha encarnado, que se hizo uno de nosotros, uno con nosotros y al que el Padre ha elevado, dándole el Nombre sobre todo nombre: ¡Jesús, Cristo y Señor!

Es también la visita de un jefe de Estado, y por eso supone una visita a la sociedad. Confirmará en la fe a los creyentes y, en la medida en que es un viaje a todos, ese «confirma en la fe» que nosotros escuchamos, para la sociedad puede ser un «confirma en la confianza». Vivimos en una sociedad en la que, fruto del individualismo y de diversas circunstancias, ha ido creciendo la desconfianza. Por eso, recibir la visita del Papa puede hacer crecer la confianza para que se traduzca en una llamada a construir un «nosotros», un pueblo, que es imprescindible para que exista una democracia. Es la existencia de un pueblo con conciencia de ser pueblo y que quiere empeñarse por el bien común, que es lo que sostiene la sociedad. La visita del Papa a España es un acontecimiento de gracia que tiene una dimensión espiritual, pastoral y también política, entendida en sentido clásico: como la acción de los ciudadanos que se organizan para alcanzar el bien común, defender la dignidad de la vida y promover su desarrollo integral, sin olvidarse de los pobres de nuestro mundo interconectado e interdependiente.

Los temas centrales en la predicación del papa León, durante los primeros meses de su pontificado, han sido la llamada a la unidad en la Iglesia y a la paz en el mundo. La llamada a la unidad no es nueva para él. Viene ya en el lema episcopal que eligió cuando fue nombrado obispo de Chiclayo, a finales de 2014: In illo uno, unum. El segundo rasgo característico de León XIV es la petición insistente de una paz desarmada y desarmante a la que se refirió en su primer mensaje desde la Logia central de la basílica de San Pedro, el 18 de mayo de 2025:

Yo quisiera que este saludo de paz entrara en sus corazones, llegara a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con vosotros! Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente.

Mirando el mundo en que vivimos, nos damos cuenta de la necesidad de esta paz de la que nos habla, de la oración por la paz, como hacemos tantas veces, y del compromiso efectivo y militante de los cristianos y de todos los hombres de buena voluntad para ser signo e instrumento de la paz.

Invito a todos los presentes a orar por el Papa: “Señor, sostén con la luz y fortaleza del Espíritu Santo a León XIV para que siga siendo signo e instrumento de tu Paz”. Os propongo también expresar, en este momento de burdos e intolerables ataques, ante el señor Nuncio de Su Santidad, la comunión con el sucesor de Pedro de toda la Iglesia española, representada en este acto de apertura de la Plenaria por obispos, presbíteros, laicos y consagrados, con un fuerte aplauso.

España, que ha sido tierra de evangelizadores (todavía son más de nueve mil los misioneros españoles en el mundo), es ahora también tierra necesitada de evangelización, de Buena Noticia, del servicio humilde y entregado de todos los cristianos en el compromiso por realizar el bien común, en las pequeñas y en las grandes decisiones. Santo Toribio de Mogrovejo, que nació en Mayorga (Valladolid) y murió en Zaña (Chiclayo), ha de ser un buen intercesor por los frutos apostólicos de esta visita. Por todo ello, este viaje del papa León XIV a España será, sin duda, una experiencia profunda de fe viva, de amistad cívica, de encuentro para la esperanza y la confianza. A ello estamos todos invitados. ¡Alzad la mirada! Oremos por los frutos del viaje apostólico.

3. Catolicidad siempre desafiada

La visita del Papa es una oportunidad para afianzar la catolicidad eclesial en el fecundo e íntimo diálogo entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares. Pero la catolicidad siempre es desafiada en la permanente cuestión modernista, que aparece y reaparece en cada momento histórico, al intentar vivir el insuperable y necesario coloquio entre fidelidad y novedad, en sus expresiones concretas de diálogo fecundo entre naturaleza y gracia, Iglesia y sociedad e historia y vida eterna. Pelagianos y gnósticos reaparecen y las aportaciones de san Agustín en las Confesiones, el comentario a la Carta a los Romanos o en Ciudad de Dios vuelven a tener actualidad. El final del tiempo moderno, con sus transformaciones en la antropología, en la organización política de las naciones y en la concepción del progreso, supone el territorio actual de la nunca superada «cuestión modernista» que se trata de responder a preguntas permanentes: ¿cómo ser católico hoy y aquí?, ¿cómo ha de situarse la Iglesia en su manera de estar en el mundo y en el diálogo con los poderes públicos? ¿Cómo nos ayuda o dificulta el «progreso humano» en nuestro camino de santidad hacia el cielo? En los últimos meses, en el ámbito de nuestra Conferencia, hemos vivido algunas expresiones de estos desafíos en los debates vividos sobre las emociones y sobre las ideologías, y en nuestra presencia en la vida pública.

La catolicidad, que es armonía, comunión y universalidad, comienza en el corazón y se quiebra cuando naturaleza y gracia se desgajan o se ignoran. Incluso en la misma naturaleza humana razón, afecto y voluntad pueden vivir sin avenencia y plantear un diálogo unilateral con la gracia. La reducción antropológica del sujeto humano de persona relacional a individuo autónomo reduce también la razón, el afecto y la voluntad, y sospecha de la gracia, de la que se prescinde o que reduce a iluminación o emoción motivadora. La consecuencia mayor de esta reducción es la desvinculación entre estas diversas potencias de lo humano.

4. Las emociones

La Nota doctrinal de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe sobre el papel de las emociones en el acto de fe que lleva por título Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—, cuya publicación autorizó la Comisión Permanente, y respecto de la que dialogaremos durante esta Plenaria, valora el afecto y los sentimientos en la vida humana y espiritual , y ofrece iluminación y criterios de discernimiento.

La Nota, para explicar su motivación pastoral, dice en el número 3:

«La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe. Estos nuevos métodos o herramientas de evangelización representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como Madre, vuelve una y otra vez a ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud».

Y añade en el nº 6:

«Valorando positivamente todo lo que de bueno están aportando estos métodos de primer anuncio en el contexto de una sociedad fuertemente secularizada, ofrecemos esta Nota con el fin de ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de experiencias apostólicas surgidas recientemente para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia —como la mujer samaritana— buscando “un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna” (Jn 4,14)».

La Nota dialoga con la importancia del afecto y los sentimientos en la vida espiritual y la absolutización de lo emotivo en la postmodernidad ; propone recuperar el corazón, siguiendo el magisterio de los últimos papas, y ofrece criterios teológico-pastorales para el discernimiento en orden a que el impacto emocional llegue a ser conversión y adhesión a Cristo, y continúe con la «configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y el apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo». El reduccionismo emotivista es un riesgo cierto que afecta a estas nuevas experiencias, como también a iniciativas de nuevas formas de vida de “especial consagración”, demasiado construidas en tornos a liderazgos emotivos y experiencias de impacto afectivo, y el gusto del sentimentalismo espiritual. También muchas expresiones de religiosidad popular precisan la ayuda de estos criterios de discernimiento y acompañamiento.

Este tiempo de emociones reduccionistas se contagia también a la convivencia social y política en el fenómeno de la polarización, pues no es solo un choque de ideas, es, fundamentalmente, un fenómeno afectivo. En la psicología social moderna, se habla de «polarización afectiva», donde el rechazo hacia el otro es más fuerte que la adhesión a las propias ideas. La polarización transforma las opiniones en identidades. Ya no «opinas» de una manera, sino que «eres» de una forma. Y, así, perteneces a un grupo que ofrece seguridad emocional para sentir que estás en «el lado correcto de la historia». El miedo es el pegamento más fuerte de la polarización. No se ve al oponente como alguien con quien se discrepa, sino como una amenaza existencial. Se cultiva la sensación de que, si el otro bando gana, el estilo de vida propio o los valores fundamentales desaparecerán.

Surge también el miedo a ser excluido del propio grupo si se muestra tibieza o acuerdo con el rival. Diversas emociones se ponen en juego y se alimentan en la polarización, como la indignación moral o la convicción de que el otro no solo está equivocado, sino que es «malo» o «inmoral»; el resentimiento acumulado desde el que se juzga que el otro grupo ha recibido privilegios injustos, o ha causado daños históricos, es lo que justifica la hostilidad, la deshumanización y el desprecio que rompe el puente del diálogo y hace perder la capacidad de ver al oponente como un ser humano con miedos y deseos similares; así se reduce a la otra persona a un estereotipo o a una caricatura; la superioridad moral otorga la satisfacción narcisista de sentir que uno posee la verdad absoluta y que los demás son ignorantes o están manipulados, esa superioridad refuerza la «cámara de eco» como alivio emocional de estar rodeado de personas que piensan igual, lo cual refuerza la sensación de seguridad e inmovilismo.

La polarización surge porque la dialéctica de los contrarios del tramo final de la Modernidad niega las polaridades que nos constituyen y nos hacen fecundos: la polaridad trinitaria fundante de todas las demás, pues a su imagen hemo sido creados; la polaridad antropológica varón y mujer; la polaridad tú y yo, nosotros y la sociedad; la polaridad historia y vida eterna. Cada una de las polaridades es fundamento de los vínculos que nos unen. Sin estos vínculos solo queda la lucha por el poder entre los polos enfrentados.

5. Las ideologías

En este ambiente emotivista, las ideologías que juegan un papel tan importante en la organización de las democracias modernas también se ven afectadas. En el diálogo que mantuvo la Comisión ejecutiva de esta Conferencia con el papa León XIV, con motivo de la audiencia que nos concedió el pasado 17 de noviembre, surgió en la conversación sobre la situación de la evangelización en España, la cuestión ya citada del emotivismo y también el riesgo de la ideologización de la fe. Casi tres meses después, surgió una polémica típicamente polarizadora sobre a quién se señalaba en esa conversación.

Las ideas son expresión de nuestra razón y los sistemas de pensamiento nos ayudan a comprender el mundo e iluminar nuestra acción en él. Filosofía y Teología son resultado de esta realidad humana. Las ideologías en las sociedades postmodernas participan del juego de identidad, pertenencia y polarización al servicio de la lucha por el poder. También el pensamiento teológico y, desde él, la vida eclesial y la acción pastoral se ven afectados por reduccionismos ideológicos. Parten de una idea noble y necesaria que desarrollar pero, sometidas a las reglas reduccionistas del emotivismo y el poder de grupo, hieren el depósito de la fe, causan división en la Iglesia y anestesian la fuerza misionera del Evangelio. Comento varios ejemplos, desde alguna de las ideas fuerza de la vida eclesial en los últimos años, que han podido dar pie a lo que el papa Francisco denominó, en repetidas ocasiones, «colonización ideológica» del pueblo de Dios.

En antropología han influido con fuerza los «estudios de género», necesarios para afirmar la igual dignidad de varones y mujeres, y subrayar la importancia del coloquio adecuado entre sexo y género o, dicho de otra manera, entre naturaleza y cultura. Pero las ideologías de género tienden a anular el significado de la diferencia sexual y el valor de la biología para reducirlo todo a cultura y al poder de decidir sobre el propio cuerpo. La oposición «emotiva» a estas propuestas lleva consigo la negación de la importancia de la dimensión cultural en la comprensión integral, humana y cristiana, de la sexualidad y de la indiscutible participación de la mujer en la vida eclesial y social; también al acompañamiento adecuado a personas con diversa orientación sexual, que forma parte de lo que la Iglesia ha de realizar con todos, y que se ve interferido por presiones ideológicas que pretenden que el acompañamiento para vivir y abordar su situación personal y eclesial ha de suponer un cambio radical en la visión católica de la antropología y la sexualidad.

En eclesiología estamos viviendo, con fuerza, el impulso de la comunión misionera a través de la propuesta de la sinodalidad como estilo y espiritualidad, en una responsabilidad diferenciada de todos los bautizados en la comunión y misión de la Iglesia. La democracia, vivida como ideología, se pretende aplicar a todas las dimensiones de la existencia y perturba la genuina sinodalidad, discernimiento compartido para ser más fieles al mandato misionero del Señor, para convertirla en un ejercicio de reparto del poder según las preferencias teológico-pastorales de los participantes. Como contrapunto, el clericalismo, ideológico y emotivo, sospecha de toda forma de participación y rechaza la sinodalidad con la coartada de una legítima autoridad amenazada, pero que enmascara la pretensión de mantener todo el poder al frente de la comunidad cristiana.

La acción social a favor de los empobrecidos constituye una extraordinaria forma de presencia pública de la Iglesia. Lleva consigo asistencia directa, promoción, servicios sociales, denuncia de las causas y promoción del bien común en el ejercicio de la caridad política. Todo ello entra en relación con propuestas ideológicas diversas. Recordemos algunas, como la teología de la liberación con sus contaminaciones marxistas, o su desarrollo actual, la teología de la descolonización, muy influida por las ideologías «woke», que contaminan también la extraordinaria aportación del ecologismo abriéndolo a riesgos panteístas o antihumanistas. Como contrapunto polarizador, también nos llega, desde América, la teología de la prosperidad, coartada ideológica para la defensa del poder del dinero o del poder político, y que llega con el envoltorio de corrientes pentecostalistas utilizadas para esos fines. Estas corrientes pentecostalistas, algunas atravesadas de emotivismo ideologizado, dificultan el necesario diálogo ecuménico en esta hora y la imprescindible acogida de los católicos iberoamericanos que llegan hasta nosotros.

En la acogida de inmigrantes, indudable signo evangélico, percibimos las tensiones ideológicas entre dos polos de la Doctrina Social de la Iglesia: la dignidad humana y el bien común. Una lectura de la dignidad humana, basada en un humanitarismo compasivo, aislada del bien común que reconoce el derecho de los Estados a regular los flujos migratorios, provoca reacciones, a veces emotivas, usadas ideológicamente por supuestos defensores del bien común de la nación. Es un bien cerrado al bien común internacional que pide abordar las causas políticas y económicas de las migraciones. Dignidad y bien común, nacional e internacional, han de ser tenidos en cuenta para abordar uno de los signos del mundo actual, sin perder la mirada a los rostros concretos de sufrimiento. Caer en el emotivismo compasivo y en las manipulaciones ideológicas es, en este campo, un riesgo muy alto.

La entrega del Evangelio en la acción misionera de la Iglesia supone la acogida de la Tradición viva de la Iglesia. Las dificultades para realizar este genuino ejercicio de vida eclesial, en el cambio de época iluminado por el Concilio Vaticano II, también se pretenden resolver ideológicamente en una polarización excluyente entre tradicionalistas y progresistas. Esta tensión ha afectado a la relación armónica entre la lex orandi, la lex credendi y la lex vivendi que se manifiesta en algunas tensiones litúrgicas.

La presencia en la vida pública también vive, en los extremos, el conflicto entre la privatización de la fe y la pretensión neoconfesional. Para unos, la fe solo aporta valores y motivación, para otros, solo la cristiandad rediviva logrará la relevancia pública de la Iglesia. La cristiandad como unidad espiritual y cultural donde religión y sociedad estaban profundamente entrelazadas ha desaparecido, pero no la llamada a los ciudadanos católicos a ser testigos del Evangelio y estar presentes en las instituciones, de tal forma que influyan en las formas de vida, la cultura, la política y las leyes a favor de la dignidad humana y el bien común iluminados por la Doctrina Social de la Iglesia. Aquí las tensiones ideológicas están servidas, así como los deseos de arrimar el ascua de la fe a la sardina de los intereses ideológicos y partidistas. La polarización en el cambio de época, con fuertes enfrentamientos en aspectos nucleares de la convivencia, hace que la lucha política se plantee como combate cultural en el que ideologías y emociones se conjugan con legítimas visiones de los bienes fundamentales que están en juego para organizar la vida común. La vida cristiana es un combate espiritual que tiene su principal territorio en el corazón y en el rechazo al Príncipe de la mentira, en sus dominios que llamamos estructuras de pecado, así como en la oposición a su pretensión de dividir y enfrentar para obstaculizar la llegada del reino de Dios. Confundir el territorio y el enemigo devalúa el combate y puede transformarlo en antisigno del Reino al que queremos servir.

También en la cuestión nacional y los diversos sentimientos nacionalistas, el emotivismo se hace presente de nuevo, dando pie a tensiones eclesiales y a pretensiones ideológicas que quieren manipular las innegables raíces y cultura cristianas que han ayudado a conformar tanto la conciencia de patria como la idea política de nación, nacionalidades y regiones. La Iglesia ofrece su experiencia de ser Iglesia particular y universal, así como la colegialidad y la sinodalidad. El papa Francisco dijo en el Discurso para la conmemoración del 50 aniversario de la constitución del Sínodo de los Obispos, del 17 de octubre de 2015: «La Iglesia sinodal es como un estandarte alzado entre las naciones (cf. Is 11,12)». Es una profecía social .

El Progreso como ideología sustitutiva de la esperanza en la vida eterna no pasa por sus mejores momentos, después del fracaso de las ideologías que prometían el paraíso en la tierra. Pone hoy el acento en la confianza en las nuevas tecnologías derivadas de la inteligencia artificial para vencer al mal, sustituyendo la frágil libertad humana por algoritmos, y pretendiendo alargar la vida en propuestas reservadas hoy a los poderosos de la tierra. Es una oportunidad para hacer un elogio del hombre y su posibilidad cierta de transfigurarse con la fuerza de la gracia. Ante el hombre híbrido y exponencial que propone el posthumanismo, los pobres encuentran su esperanza en la santidad, asombroso fruto de la humano-divinidad que el Resucitado nos ofrece vivir.

6. Las relaciones con los poderes públicos

Las relaciones Iglesia-Estado se centran en las relaciones con los representantes públicos en las diversas Administraciones: local, autonómica y central. La relación con el Gobierno de la nación es la que tiene una mayor relevancia pública, aunque en la vida ordinaria de la Iglesia tengan una importancia mayor las relaciones con alcaldes, presidentes de diputación y consejeros autonómicos. El Estado es aconfesional, pero el Gobierno tiende a tomar posturas «confesionales» en materia antropológica, definiendo el comienzo y el final de la vida, la definición del matrimonio y de la familia, y el significado de la sexualidad humana con criterios de fe ideológica, al margen de la ciencia y de las experiencias humanas más elementales. Tiene también una mirada confesional sobre la historia, y selectiva sobre las víctimas. Manifiesta un deseo desmedido de intervenir en la sociedad civil y de controlar las instituciones que aseguran la división de poderes en lo político y la libre concurrencia en lo económico, además de una doble vara de medir, según a quién afecten los asuntos de abuso de poder o de corrupción. Todo ello queriendo asegurar el control sobre los medios de comunicación. Es de mínima honradez reconocer que varias de estas características valdrían para casi todos los gobiernos. Todos tenemos pecado original, y el poder y el dinero son tentaciones muy fuertes. Por ello, renovamos nuestro compromiso de colaboración respetuosa y crítica con el Gobierno y los gobiernos. Hemos hablado en estos meses de inmigración, de vivienda, de educación, pero el interés prioritario de este Gobierno, el único en el que ha querido forzar acuerdos, ha sido el asunto de los abusos a menores cometidos únicamente en el seno de la Iglesia y la resignificación del Valle de los Caídos (Cuelgamuros). Es justo reconocer la leal colaboración actual en la preparación de la visita del Papa.

Ante lo dicho anteriormente, muchos se preguntan: ¿Por qué han llegado a un acuerdo sobre la reparación integral de víctimas de abusos? Las diócesis españolas y las congregaciones religiosas venimos trabajando unidas con la coordinación de la CEE y la CONFER desde hace varios años. Se ha realizado un trabajo de prevención, formación y regulación canónica. En esta misma Asamblea seguiremos impulsando todo este camino y someteremos a discusión, y posible aprobación, un decreto general sobre sanciones a clérigos causantes de delitos, además de lo que los posibles procedimientos penales pudieran establecer. Desde hace dos años está vigente el Plan de Reparación Integral de víctimas de abusos con una Comisión asesora que realiza un gran trabajo. Pero la Iglesia ha querido dar un paso más en el compromiso de situar a las víctimas en el centro. Somos conscientes de que, más allá del número, los abusos realizados por personas consagradas a Dios en el servicio a los hermanos son de una enorme gravedad, rompen una confianza sagrada y hieren la fe de los pequeños. Es un escándalo gravísimo ante el que es preciso cualquier exceso en el reconocimiento de una obligación espiritual y moral, aunque los delitos hayan prescrito o el victimario haya fallecido. Por eso, hemos querido abrir otra puerta a la reparación integral con la colaboración del Defensor del Pueblo. Además, en el acuerdo se recoge el compromiso del Gobierno de reparar a víctimas de otros ámbitos; ya el Defensor del Pueblo ha sugerido abordar la de las víctimas de centros de menores y la desgravación fiscal de las indemnizaciones, para lo cual será preciso que la condición de víctima sea declarada por una autoridad pública. Nos preocupa la insistencia del Gobierno, al comentar el acuerdo, en no reconocer las reparaciones ya realizadas e insistir en que todo comienza ahora, así como en reducir toda la reparación a indemnización económica. El ministro de Justicia ha llegado a decir: «el Gobierno decide y la Iglesia paga». La Iglesia, en la persona de muchos responsables institucionales, ha escuchado y acogido a las víctimas, ha puesto en marcha caminos de reparación, de justicia restaurativa, y ha indemnizado, en muchos casos, sin necesidad de que ningún gobierno ni sentencia se lo haya impuesto. Con todo, reconocemos que hemos de seguir mejorando y creciendo, así como invocar la misericordia del Señor, pues solo ella vence al pecado y realiza la más genuina reparación y restauración.

Quiero, desde aquí, invitar al Gobierno y a los monjes de la abadía del Valle de Cuelgamuros a alcanzar un acuerdo razonable y satisfactorio para ambas partes que, además, sea un testimonio de que es posible superar la polarización y encontrar vías de encuentro.

Estamos así llamados a seguir avanzando en esta nueva manera de ser Iglesia en el mundo. Humilde, pero decidida a ofrecer un anuncio, un testimonio y una acción que ayude a renovar con la savia nueva del Evangelio la vida social desde una catolicidad que integre todas las dimensiones en juego.

7. Líneas de pastoral

Acabamos de publicar el texto de las Líneas pastorales de la CEE para el cuatrienio 2026-2030 —«¡Poneos en camino!»— Se trata de un documento «inconcluso», en tanto que está abierto a acoger con esperanza las palabras del papa León XIV y las orientaciones que nos dejará en su inminente viaje apostólico a España. Estamos convencidos de que nos ayudará a «alzar la mirada» hacia Jesucristo, y a renovar en nosotros el gozo de ser discípulos amados y fervorosos misioneros de la misericordia del Padre.

A) La iniciación cristiana

En esta Asamblea plenaria vamos a realizar un ejercicio de conversación en el Espíritu sobre la iniciación cristiana que, junto al anuncio del Evangelio, constituye la primera de las prioridades para el discernimiento y la acción en nuestra Conferencia. Nuestra propia experiencia pastoral y la Asamblea sinodal resaltan la importancia de la iniciación cristiana. En España ha pasado la época, asentada durante siglos, en la que decíamos: «Soy católico porque he nacido en España». No podemos dar por supuesta la conversión cristiana; lo que supone, en positivo, una tarea de personalización de la fe. El Concilio definió́ el catecumenado como el «noviciado de la vida cristiana» (AG 14). Su acogida y desarrollo en cada diócesis es imprescindible. En esta Pascua han sido miles los adultos que han recibido los sacramentos de la iniciación cristiana. Han crecido las experiencias de impacto en el primer anuncio que precisan ser continuadas con una propuesta de iniciación cristiana e inserción en comunidades formativas. Hoy la iniciación cristiana y la creación de comunidades que acompañan en la iniciación y acogen a los iniciados son una prioridad fundamental. ¿Cómo impulsar el primer anuncio y abordar con audacia y creatividad la iniciación cristiana?, nos preguntamos en nuestras Líneas de pastoral. En esta Asamblea dialogaremos sobre este asunto de primer orden en la vida eclesial. Esta prioridad ha de ser transversal a toda la acción de la Iglesia, como nos recordaba el papa Francisco en Evangelii gaudium (2013) animando a que cualquier actividad que se realice tenga un estilo evangelizador. Todas las acciones de los organismos de nuestra Conferencia Episcopal deberían valorar su incidencia en el primer anuncio, así como la integración de todos los colaboradores y agentes de los diversos servicios y actividades en una comunidad cristiana.

En las Líneas nos preguntamos: ¿quién llevará a cabo estas acciones?, ¿cómo realizar la reflexión, el discernimiento y la acción pastoral? Y respondemos:

B) Vocación y vocaciones

El Congreso de las Vocaciones «¿Para quién soy?» ha propuesto la antropología del don, y la Iglesia como asamblea de llamados. Queremos impulsar una pastoral vocacional como obediencia al don de Dios que se hace llamada y camino hacia la santidad. Su acogida y despliegue requiere el impulso, en la Conferencia Episcopal y en las diócesis, de «servicios de pastoral vocacional» en los que diversas delegaciones diocesanas, consagrados, matrimonios y laicos promuevan la vida como vocación y cultiven el cuidado de todas las vocaciones. Este servicio de pastoral vocacional puede ser un buen contexto para llevar a cabo una reflexión, tanto en la Conferencia Episcopal como en las diócesis y en las congregaciones religiosas, acerca de la promoción, el acompañamiento y la formación de los llamados a las distintas vocaciones, respondiendo a la pregunta: ¿qué sacerdotes para este mundo de hoy?, ¿qué consagrados?, ¿qué fieles laicos? «Oramos todos por todos», como nos invita el lema de la próxima Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

C) Sinodalidad

Vivimos en un tiempo eclesial marcado por el deseo de profundizar y vivir la sinodalidad como expresión de la eclesiología de comunión promovida por el Concilio Vaticano II. Somos pueblo y camino. Vamos juntos y subrayamos, en este «juntos», la importancia que tienen todas las vocaciones para la comunión y la misión de la Iglesia. El equipo de la CEE para la aplicación del Documento final del Sínodo nos ayudará a llevar a cabo diversas iniciativas en este proceso de conversión pastoral en las relaciones, en los procesos de toma de decisiones, la transparencia, la rendición de cuentas, etc., y también en la preparación de las asambleas y encuentros eclesiales previstos hasta la Asamblea eclesial de octubre de 2028. En esta Plenaria seremos informados de sus iniciativas.

Termino con palabras de León XIV en su homilía en la eucaristía de inauguración del ministerio petrino del 18 de mayo de 2025:

Hermanos y hermanas, quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado. En nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente; por un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres. Y nosotros queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad. Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela! Escuchen su propuesta de amor para formar su única familia: en el único Cristo nosotros somos uno. Y esta es la vía que hemos de recorrer juntos, unidos entre nosotros, pero también con las Iglesias cristianas hermanas, con quienes transitan otros caminos religiosos, con aquellos que cultivan la inquietud de la búsqueda de Dios, con todas las mujeres y los hombres de buena voluntad, para construir un mundo nuevo donde reine la paz.

¡Este es el día en el que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo!

¡Alzad la mirada!