El Museo Nacional de Escultura expone una plancha de cobre, con la imagen de la Virgen de las Angustias, diseñada por el escultor Alejandro Carnicero

El Museo Nacional de Escultura expone una plancha de cobre, con la imagen de la Virgen de las Angustias, diseñada por el escultor Alejandro Carnicero

29 mayo, 2018

29-5-2018__ El enriquecimiento de sus colecciones es una de las mejores noticias para un museo, tanto para los sus conservadores encargados de su estudio como para el visitante que puede ver cómo se enriquece y se renueva su exposición permanente y se amplía el patrimonio cultural que custodia.

 
En este caso, la incorporación de la nueva obra de arte  es un motivo añadido de celebración, dado que se trata de una compra realizada por el colectivo social que compone la Asociación de Amigos del Museo, que se caracteriza por su desinterés, su generosa colaboración y su fidelidad al Museo Nacional de Escultura. El ingreso de esta obra en el conjunto artístico del museo ha sido fruto de una operación llevada estrechamente por su Junta Directiva y el departamento de Colecciones del Museo.

 

 

La adquisición

En septiembre del pasado año, la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Escultura compró por 3.630 € una plancha de cobre, con la imagen de la Virgen de las Angustias, diseñada por el escultor Alejandro Carnicero (1693-1756), al anticuario barcelonés Palau Antiguitats, tras el interés mostrado por el Museo hacia esta pieza.

 

 

La plancha —firmada y fechada, e identificada con la Virgen de los Cuchillos de Valladolid—, es el primer grabado hecho por el escultor del que se tiene noticia. Se trata de una obra problemática en su catálogo debido a la confusión que genera el texto inscrito en ella, pues en realidad representa a la Virgen de las Angustias de Salamanca, réplica tardía de la encargada a Juan de Juni para Valladolid, una imagen esencial en la historia de nuestra escultura. El trabajo es de una habilidad exquisita. A través de un minucioso tallado en buril, el artista recrea todos los pormenores de la escena: el tratamiento volumétrico, los contrastes de luces y sombras, o la exuberancia del escenario natural en que se enmarca. El centro emocional se sitúa en el rostro de la Virgen, de agitada expresión, que lleva sus manos al corazón (atravesado por siete grandes cuchillos), el órgano que guarda las pasiones más secretas y signo por excelencia del amor sagrado y del profano.

 

 

La importancia de esta pieza

Además de incorporar a la colección del Museo unas piezas de notable calidad, gracias a la generosidad de su Asociación de Amigos, esta obra ejemplifica una lección sustantiva acerca de la actividad de los escultores como talladores de planchas para grabados, a valorar la figura de Carnicero como uno de los grandes artífices del siglo XVIII, y a constatar la validez de modelos a pesar del paso del tiempo y su adaptación a las modas. En suma, a cerrar el círculo a una escultura que gozó de amplias repercusiones.

 

 

Un grabado y una escultura acompañando a la nueva pieza

Completan este ejercicio expositivo otras dos piezas. De un lado, una Piedad en madera policromada, anónimo de la primera mitad del siglo XVIII, que recuerda a ejemplares creados dentro del círculo del mencionado Carnicero.

Alejandro Carnicero, difusor de la escultura con la estampa

Nacido en Íscar, Alejandro Carnicero (1693-1756), padre del también escultor y dibujante Isidro Carnicero y del pintor Antonio Carnicero que llegaría a ser Pintor de Cámara del rey Carlos IV, desarrolló su formación dentro del círculo de la familia Churriguera, adquiriendo muy pronto reconocimiento como hábil escultor tanto en piedra como en madera, además de practicar el grabado a buril.

 

Después de tres décadas de actividad en sus talleres de Valladolid y Salamanca, de los que salieron obras tan conocidas, entre otras, como los medallones de la Plaza Mayor de Salamanca, el San Miguel de Nava del Rey (Valladolid), la sillería de coro del monasterio de Guadalupe (Cáceres) o el retablo mayor de la Catedral de Coria (Cáceres), se ganó la consideración de mejor escultor del área castellana durante la cuarta y quinta décadas del siglo XVIII. Reclamado por Felipe V para participar en la decoración del Palacio Real Nuevo, sus esculturas le sitúan merecidamente a la altura de los mejores artistas cortesanos de su época.

 
Presentamos hoy una lámina de cobre grabada a buríl de este escultor vallisoletano y su grabado resultante, recientemente estampada en la Calcografía Nacional (proceso que podemos contemplar en el vídeo que acompaña a la pieza).

 
Desde comienzos del siglo XVI comienzan a proliferar por toda Europa, fruto de la labor adoctrinadora de la Iglesia de la Contrarreforma y para la devoción privada de los fieles, grabados dedicados a advocaciones locales. Obtenidos a partir de planchas de metal —impregnadas en tinta para luego llevarlas al papel—, procuraban «verdaderos retratos» de extraordinaria eficacia. Ahora la obra única, «sagrada», compleja en su ejecución y en ocasiones inaccesible a la vista de la comunidad, devenía múltiple gracias al uso de una revolucionaria técnica que permitió obtener idénticas copias de una misma imagen, a un coste reducido y con una asombrosa velocidad de circulación.

 

De otro, una matriz para grabado calcográfico (Juan de Roelas, h. 1570 – 1625), con la imagen de la Virgen de las Angustias de Valladolid, donde aparece por vez primera el nombre de Juan de Juni (1506-1577) como creador de esta tipología. Pero esta pieza ejemplifica además, una práctica habitual de la época, la reutilización de estas planchas como soporte pictórico cuando resultaban inservibles, ofreciéndonos la posibilidad de contemplar gracias al montaje expositivo, una pintura de la Anunciación en el reverso. Curiosamente, el Museo Nacional del Prado, presentó la semana pasada una pieza de similares características, adquirida en el mismo anticuario barcelonés mencionado antes, obra de Gregorio Fosman (1680), pero de la que no es posible contemplar el reverso de la misma.