VÍA CRUCIS • 1-15 de abril de 2017

VÍA CRUCIS  •  1-15 de abril de 2017

VÍA CRUCIS • 1-15 de abril de 2017

1 abril, 2017

Jesús va padeciendo en su cuerpo y en su espíritu paso a paso su personal vía crucis, que se convierte en lección y fuerza en nuestros vía crucis

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El vía crucis significa originariamente el camino que Jesús, cargado con la cruz, recorrió desde el pretorio en que fue condenado por el procurador de Roma Poncio Pilato hasta el Calvario, en que fue crucificado. Es el itinerario que hacen frecuentemente los peregrinos por las calles de la ciudad de Jerusalén.

 

Vía crucis es también el trayecto de 14 estaciones señaladas con representaciones alusivas a los temas u otros signos, dentro de los templos o fuera de ellos, que recorren quienes practican este ejercicio piadoso, sobre todo en tiempo de Cuaresma. Es famoso el vía crucis junto al Coliseo de Roma, presidido por el Papa el Viernes Santo, un lugar en que se unen la memoria de los mártires en la antigua Roma con el Martirio por excelencia de nuestro Señor Jesucristo. Los peregrinos a Lourdes (y algo semejante se puede afirmar de Fátima) conocen bien el itinerario del vía crucis por el monte en torno al Santuario. Estas apariciones de María comportan una invitación a la penitencia sacramental y una exhortación a cargar con la cruz. A veces se añade a las catorce estaciones una referencia a la resurrección de Jesús, uniendo de esta manera la fidelidad en la cruz y la victoria del Señor sobre el pecado y la muerte. Y en ocasiones precede al recorrido del vía crucis la oración en el Huerto de los Olivos, desde donde arranca la pasión de Jesucristo.

 

Hay otra significación del camino de la cruz, que es la interiorización personal y existencial del recorrido exterior del vía crucis. Con las siguientes palabras une el Evangelio el camino de Jesús y el de sus discípulos:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar la vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” (Lc. 9, 23- 24).

 

Jesús nos pide que unamos al vía crucis de la oración el via crucis de la vida.

 

El filósofo Pascal en uno de sus pensamientos afirmó con intuición honda y atrevida que “Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo”. La pasión del Señor se prolonga en la pasión de sus fieles y de todos los hombres. El Señor, como Cireneo, camina con la cruz junto a cada hombre hasta el final de la historia. Por eso, podemos decir que el vía crucis de Jesús es interminable. Cuando los cristianos practicamos el ejercicio del vía crucis recordamos también a cuantos caminan arrastrando penosamente la cruz de la vida, con la confianza que nos otorga la fe de pasar “por la cruz a la luz”.

 

Las estaciones del vía crucis se refieren a escenas de la narración de la pasión del Señor, que aparecen también en los diferentes “pasos” de nuestras procesiones de la Semana Santa. En las estaciones del vía crucis, en las escenas de la pasión y en los pasos de las procesiones aparecen diversos personajes. El personaje central es siempre Jesús; pero conviene que nos situemos cada uno ante el Señor, que hizo un impresionante recorrido desde el Huerto de los Olivos hasta que fue depositado en el sepulcro, que había en otro huerto próximo al monte Calvario. ¿En qué personajes se reflejan nuestra actitud y comportamiento?

 

Judas traicionó al Maestro entregándolo a sus enemigos por unas monedas; junto con los sacerdotes pusieron precio al único Inocente. Hubiera recibido el perdón de Jesús, pero desconfió encerrándose en su inmensa culpa. Pedro, el más decidido de los discípulos, negó por tres veces al Maestro cuando el peligro se cernía sobre él; pero con la mirada compasiva de Jesús se dejó denunciar y perdonar. Los discípulos al ser apresado el Maestro huyeron dejándolo solo ante el poder de las tinieblas. El Sanedrín de los judíos decidió quitarlo de en medio y maniobró para que Pilato lo condenara a la crucifixión, una forma de suplicio reservada a criminales famosos. Pilato cedió cobardemente, lavándose las manos. Los soldados lo humillaron de mil formas. Pocos salieron al encuentro de Jesús: Una mujer se abrió paso hasta limpiar su rostro, y como premio se quedó grabado en su paño el “verdadero icono” de Jesús. Otras mujeres lloraban por Él. Algunos varones, que habían alternado entre el respeto por la enseñanza del Maestro Jesús y la ocultación vergonzante de su actitud profunda, pidieron a Pilato el cuerpo de Jesús ya muerto, bajaron el cadáver de la cruz y lo sepultaron.

 

Junto a la cruz acompañaron al sublime Moribundo su madre, otras mujeres y el discípulo Juan. ¿Entre qué personajes nos situamos nosotros?. ¿Entre los que lo rechazan, entre quienes se desentienden para no complicarse la vida o entre quienes dieron la cara por Él?. El vía crucis de Jesús nos interpela, ya que su pasión transcurrió a la vista de todos, y su vida anterior había preparado para apreciar el alcance de aquel Condenado a muerte y de aquella Cruz.

 

Es bueno que hagamos el vía crucis acompañados por María, la Madre del Señor. Con su poesía “Dame tu mano, María”, Gerardo Diego nos introduce en este itinerario:

“¿Dónde está ya el mediodía / luminoso en que Gabriel, / desde el marco del dintel, / te saludó: “Ave, María”? / Virgen ya de la agonía / tu Hijo es el que cruza ahí. / Déjame hacer junto a ti / ese augusto itinerario. / Para ir al monte Calvario, / cítame en Getsemaní”.

 

Jesús va padeciendo en su cuerpo y en su espíritu paso a paso su personal vía crucis, que se convierte en lección y fuerza en nuestros vía crucis. He aquí algunos subrayados evangélicos: En el huerto de Getsemaní siente angustia ante la muerte; la oración insistente al Padre fortalece su fragilidad; no hurta su rostro para que lo bese el traidor; como un malhechor peligroso es conducido con medidas de seguridad hasta el Sanedrín; Herodes se burla de él; Pilato no resiste a las presiones y lo condena; da a elegir al pueblo entre soltar a Barrabás o a Jesús; es expuesto a la multitud como pieza de un espectáculo macabro; es forzado a cargar con la cruz que lo hace caer, una y otra vez; clavado en la cruz pide al Padre perdón a favor de quienes lo han llevado hasta la muerte; ofrece el paraíso al que reconoce su inocencia y le pide compasión; y encarga su Madre al discípulo amado; encomienda confiadamente su espíritu al Padre en medio de las tinieblas del monte que oscurecen también su alma. Así murió.

 

Invito a todos a hacer el vía crucis con el trasfondo de la Pasión y con los ojos puestos en tantos agobiados por el peso de la vida.

firma don ricardo cardenal